Domingo, 25 Agosto 2019

Critica a la idea relativista de la conciencia

PUBLICADO EL Domingo, 23 Junio 2019 09:51 Escrito por
Relativismo ético Relativismo ético

 

Según los relativistas como no existe el bien y la maldad, ni lo correcto ni lo incorrecto, deberíamos aplaudir al sádico o al masoquista ¡En esta demencia incurren los relativistas! Lo reconozcan o no lo reconozcan, Esto es lo que se desprende de la repugnante y destructiva ideología de género.

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La conciencia es como una especie de voz interior que todos sentimos, que nos ayuda a discernir lo que está bien y lo que está mal. También es verdad que buena parte de nuestra conciencia se ha forjado por el influjo de la educación, por la influencia del grupo social, etc. Y también es cierto que la conciencia se puede manipular, es decir, se puede convencer a alguien de que determinado comportamiento que nos interesa está bien cuando en realidad está mal moralmente o éticamente.

El problema fundamental de este modo de entender la conciencia es que se la concibe como la instancia última de la moralidad, por lo que de ser esto así, habría tantas moralidades como conciencias, es decir tantas como personas existen, y como entonces lo que es moral para mí no lo es para el otro y viceversa, sucede que la actuación de uno puede ser lesiva u ofensiva para el otro ¿Cómo regular este asunto para poder convivir en paz? Pero sucede es que los relativistas desprecian toda regulación, porque según ellos supone una intromisión en la libertad ¿Entonces? Una vez más queda al descubierto la incongruencia del relativismo.

La conciencia presupone una cierta idea objetiva del bien propio y ajeno. Funciona un poco como el sentido del dolor, que nos dice que algo no va bien en nuestro organismo, la conciencia nos dice que algo no va bien en nuestro interactuar, pero para que nuestra conciencia dictamine del modo adecuado, es preciso que esa conciencia este formada en el bien, de lo contrario, cualquier acto es permisible, y de ser así, nada puede ser rechazado. ¿Entonces porque rechazan las practicas salvajes hitlerianas o cualquier otras? ¿Por qué no permitir que continúen esas prácticas inhumanas? Sin ninguna duda, ¡Los fundamentos relativistas están desubicadas!

El dolor aunque produce sensaciones desagradables o no deseadas, tiene una gran utilidad para mantener nuestro estado de  conservación, sin no sintiéramos el dolor físico que actúa como una alarma que nos avisa,  nos moriríamos en seguida ante una agresión grave que ponga en peligro nuestra integridad, de igual modo, si no sentimos la alarma que nos induzca a un rechazo por conductas amorales que afectan a mi individualidad y a los demás, y establecemos códigos conductuales establecidos en la verdad de Dios, La convivencia es imposible y la justicia improvable. 

El dolor nos protege, precisamente porque se hace sentir cuando algo realmente nos perjudica, nos alerta y en muchas ocasiones nos salva la vida. Es verdad que la educación recibida nos puede ayudar a soportar dolores y a saber identificarlos. Nos pueden educar para resistir mejor el dolor, nos pueden educar para diagnosticar enfermedades por la manifestación localizada del dolor y su intensidad, Pero el dolor no es una creación del educador, no es fruto de la educación recibida, nos viene dada por la naturaleza.

La educación moral alimenta la conciencia que modula nuestras reacciones para que se ajusten realmente a nuestras necesidades y a las de los demás. Por naturaleza tenemos una orientación hacia el bien, hacia la plenitud de la propia forma y hacia la plenitud asociada a la de los demás. Cuando una persona tiene tan desafinada su sensibilidad moral, esto es, su conciencia, que hace el mal sin remordimiento, decimos que es un sádico. El sádico es el que ha perdido la capacidad de sentir culpa o hasta se recrea en hacer sufrir a los demás sin sentir ningún remordimiento. Si además se hace daño a sí mismo, decimos que es un sadomasoquista. Según los relativistas como no existe el bien y la maldad, ni lo correcto ni lo incorrecto, deberíamos aplaudir al sádico o al masoquista ¡En esta demencia incurren los relativistas! Lo reconozcan o no lo reconozcan, Esto es lo que se desprende de la repugnante y destructiva ideología de género.

La conciencia, por lo tanto, es principio próximo de valoración, no último. ¿Cuál es entonces el principio último de la valoración moral, conforme al cual deberían estar ajustadas todas las conciencias? ¿Quién debería fijar esos principios? ¿Serán las mayorías aleccionadas? Dios es el único que ostenta la absoluta autoridad para fijar los límites morales del hombre, ya que es su creador, siendo el cristianismo el más afortunado en la tarea de transmitir la verdad de Dios, que se hizo hombre para desde esta posición, sintiendo como hombre, predicar la voluntad del Padre Celestial y lo que es más conveniente para el ser humano.

Debemos pronunciarnos aquí sin ningún bagaje ¡la única autoridad competente para fijar las leyes morales, emanan de Dios! Pues siendo el hombre su creatura, es su creador quien conoce lo que le es mejor y conveniente para su desarrollo holístico. Dando por sentada esta premisa, bajando a un plano superficial y objetivable diremos: Sucede de igual manera con la realidad de las cosas.

Una persona buena, realmente buena, que tenga bien ajustada su conciencia es aquella que le sabe mal lo que realmente está mal, y que le sabe bien lo que realmente está bien, pues como creatura creada a imagen de Dios, lleva inscrito en su ser persona, las nociones básicas del bien y de la maldad, teniendo no obstante que ser instruido sobre una amplitud mayor de concepción, y en esto ninguna noción supera al cristianismo, que es el resultado de lo predicado por Dios con nosotros. Es decir Cristo.

Siendo la conciencia del hombre informada y formada por los principios aportados por Dios Hecho hombre, que decidió incidir en la historia, para formarnos de la manera adecuada y correcta que nos ayuda a orientarnos al bien, le queda al hombre en base a esa formación contemplar la misma realidad objetiva de su vida y de su destino y del porqué de su existencia, esta le permite valorar la corrección o incorrección de sus propias acciones sobre las que aun no tiene un conocimiento especifico. Es verdad que todos los hombres tienen el deber de actuar según su conciencia, pero también tienen el deber de procurar que se ajuste a la realidad, es decir, de formular continuamente, mediante el diálogo, el estudio y la observación de la realidad. Pero sobre todo escuchado y cumpliendo la palabra de Dios que nos ha sido transmitida.

La idea relativista sobre la conciencia nos puede ayudar a comprender alguna de las razones por las que se rechaza más la moral cristiana que las demás. ¿Por qué no hay manifestaciones contra los budistas, los islámicos, los sintoístas  o los animistas? ¿Por qué a pocos les remuerde la conciencia el comer carne de vaca, pero sí, en cambio, matar a un inocente, abandonar al cónyuge y a sus hijos, acostarse con la mujer del vecino, estafar a los clientes? Estos son comportamientos que naturalmente la conciencia también nos reprocha, si es que todavía no la tenemos muy degenerada. ¿Y cuál es precisamente la religión que defiende lo mismo que por naturaleza nos arguye la conciencia? El cristianismo. La conciencia está ahí y tiene una inclinación que hace que sus dictámenes coincidan precisamente con el mensaje que defiende la Iglesia de Cristo.

Por lo tanto, ser fiel a un “código ético” no es suficiente. Hace falta que el código ético sea el apropiado, Las normas morales no son un añadido posterior al ser del hombre. No, las normas morales son la expresión de su misma constitución y de las acciones que ha de realizar u omitir para alcanzar la plenitud de su forma.

La experiencia nos demuestra que hay conductas más apropiadas que otras, por lo tanto no todas las conductas inciden personalmente ni socialmente de la misma manera. Hasta los relativistas se ven obligados a aceptar normas establecidas, porque de no hacerlo les traería consecuencias graves. Seria demencial que un relativista que se compra un coche no escuchara las recomendaciones del fabricante en cuanto al combustible que debe utilizar para el funcionamiento de ese coche, Seria demencial que un relativista no quisiera someterse al código de la circulación y pretendiera circular según su antojo, aludiendo que el código de circulación coarta su libertad de circular. Seria demencial que un relativista desoyera las recomendaciones de un fabricante que alerta que un producto es toxico y por lo tanto no se puede ingerir. Hasta los relativistas más acérrimos se ven obligados a tener que aceptar normas establecidas. Si es que quieren vivir y convivir.

En los ejemplos mencionados así como en otros, queda muy clara la imposibilidad de seguir los postulados relativistas, con la  moral sucede algo parecido, todo acto tiene unas consecuencias y devienen responsabilidades por esas consecuencias, un acto inmoral como cualquier acto, también tiene consecuencias, por ejemplo si un individuo amoral comete una violación, este acto no solo tiene consecuencias morales y psicológicas, sino también judiciales, que pasa si por esa violación la mujer queda embarazada, esto conllevaría además por imposición de la ley tener que pasar manutención por la criatura nacida. Los relativistas resuelven esto con el asesinato del bebe inocente antes de nacer, es decir que asesinando a un inocente, nos zafamos de la responsabilidad por los actos inmorales cometidos. Sería aun peor que esa violación fuera cometida a un/una menor, las consecuencias penales serian de mayor calibre, pero es que además este acto conlleva un daño irreparable psicológico y moral para ese menor. ¡Los relativistas aducen que en reclamo de la falsa libertad, debería tolerarse la depredación sexual, así no tendrían que afrontar responsabilidades! ¿Le parece al lector plausible esta demencia?

Es evidente que la inmoralidad conlleva siempre consecuencias varias. No les queda a los relativistas más remedio que tener que aceptar la existencia de normas establecidas que sancionan las conductas que infringen las normas, además de que también existen comportamientos buenos y malos, mejores y peores y que en base al grado de gravedad de los actos y sus  consecuencias, se hacen merecedores de reconocimiento o en su caso de una condena y penalización proporcional a la grado de gravedad de los actos cometidos. No solo existen comportamientos buenos y malos, sino también diferentes grados de bondad y de maldad. El acto inmoral es una deformidad en la voluntad, como el error es la deformidad del intelecto. ¡Una conciencia relativista, es una conciencia deformada!

No es por tanto el sentimiento o el particular pensar o entender el que determina la bondad o maldad moral de las acciones humanas. Es más bien al contrario: la moral es la que nos permite juzgar la bondad o maldad de nuestros propios sentimientos y acciones. No es el sentimiento la medida última de la bondad o maldad. El sentimiento hay que educarlo; mejor, hay que entrenarlo, como se entrena la musculatura el intelecto. Decía Aristóteles que la medida del bien es el hombre virtuoso.

 

 

 

 

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