Domingo, 18 Agosto 2019

Corazón de perro

PUBLICADO EL Domingo, 09 Septiembre 2018 01:36 Escrito por

 

 

¿Qué tiene el ser humano para que en el anide la traición?

¿Qué tiene el ser humano para que en él se encuentre arraigada la falsedad?

¿Qué tiene en el ser humano para que el egoísmo sea la balanza de su medir?

¿Qué tiene en el ser humano para que el interés en sí mismo sea afán de su existir?

¿Qué tiene en el ser humano para que la infidelidad sea la moneda de cambio en su compartir?

¿Qué tiene el ser humano para que el odio sea sentimiento resultante en su convivir?

¿Qué tiene el ser humano para que la maldad sea la consecuencia de su intelectualidad?

¿Qué tiene el ser humano para que el desear sea el fruto de su sentir?

¿Qué tiene el ser humano para que el dominar sea la motivación de su afán? 

¿Qué tiene el ser humano para que la violencia sea el tono de su melodía al actuar?

Humano soy, a esta especie pertenezco, todas esas inhumanidades contengo, como a los de mi especie otras esencialidades también se me manifiestan, unas y otras se esfuerzan por conquistar el eco de mi razón, intentan influenciar mi sentir, pretenden adueñarse del acto de mi voluntad, todas se esfuerzan por resaltar, se empeñan en sobresalir en el contingente de mi realidad, el antagonismo entre ellas hace que bulla en mi ser personal una incertidumbre de incomprensión, un querer y un detestar, un escuchar y un desoír, un acuerdo y una inconformidad, un entender y una incomprensión, todo esto dificulta la elaboración y la definición de mi ser y de mi estar, estoy perplejo al observar la humanidad, me gusta cuando la contemplo, me disgusta a veces en su actuar, me congratulo al comprobar sus potencias, me desanima al ver su adversidad, me admira descubrir su intelecto, me asombra su irracionalidad, me complazco con su ternura, me horroriza su capacidad de crueldad.

¡Una vez tuve un perro! Dower le puse por nombre, el conocía su identidad,  acudía y ponía atención cuando así lo solía llamar, dicen…los que de esto saben, que es solo un animal, que no posee alma ni intelecto y no tiene conciencia de su realidad, que actúa por instinto y no por racionalidad, ¡y esto es lo asombroso!, que siendo solo un animal irracional, dicen que carente se sentimientos, pueda convivir en paz, relacionarse en cordialidad, mostrar docilidad, complacerse en la fidelidad, nunca traicionar, no tener rencor y siempre dispuesto a perdonar, de manera sublime si se les abandonan no se cansan de esperar, a tu regreso te reciben abrumándote de gestos afables de cariño y sin nada que reprochar, muestran siempre ternura, se conforman con lo que tienen o lo que le dan, te acompañan en la abundancia y en el infortunio, se muestran felices de estar donde tu estas, se adaptan a cualquier circunstancia, no se dejan llevar por el interés, están a tu lado en cualquier momento y circunstancia, no saben mentir, no conocen la hipocresía ni la falsedad, no entiende de egoísmos  ni saben de maldad, su sentido de unidad familiar y pertenencia es total. Estas y otras esencias forman su animalidad, si esto es la sinrazón, yo deseo para mí como humano esa irracionalidad, que teniendo esa condición animal, podría mejor manifestarme como humano y enriquecer mi racionalidad.

Dicen que ser humano es reflejo de divinidad, si en nuestro reflejar mostramos indicios de odio, deseo de dominio, egoísmo e infidelidad, traición y violencia, deseo mostrar ese reflejar como lo hacía mi perro, que aun siendo de condición inferior, se aproximaba más a esa realidad, por sus actos reflejaba más y mejor la impronta de Dios, que lo hace la humanidad.

En el libro bíblico de Ezequiel 11,9 nos dice el profeta que los humanos tenemos un corazón de piedra y que necesitamos un corazón de carne capaz solo de amar, a la luz de estas palabras, viendo las dos realidades, sería mejor tener un corazón de perro, al menos tendríamos uno de carne sin capacidad de odiar, como dice el profeta, hasta que Dios nos los cambie, con ese corazón de perro, no mancillaríamos al Creador ni a su obra creacional.

Dicen los teólogos que esto es consecuencia del pecado, el resultado del apartarse de Dios el hombre, que la inclinación al mal está en su humanidad caída, tiene que ser realidad, pues no es posible ser inteligente e irracional, reflejo de Dios Amor y odiar, no es posible ser imagen del bien y reflejar maldad.

Como siempre hay una excepción a toda regla, se nos presentan los casos de los que han dado muestra de esa imagen y de ese reflejar, son los Santos o los héroes, esas personas que se han proyectado a los demás sin importarles ni sus vidas ni las consecuencias, son consuelo y esperanza para los que nos identifica la mundanalidad, aquellos tenían corazones de carne, los demás de piedra irracional, mejor un corazón de perro, hasta que Dios nos lo haga cambiar. 

Amigo, nunca deberíamos maltratar a nadie, tampoco a un animal, sobre todo si es un perro, porque dentro de esa animalidad, hay un corazón de carne, carente de maldad, capaz de amar sin límites, siempre dócil y en fidelidad. Sí, ¡es un animal¡ pero expresa sentimientos, tiene esa capacidad! Aunque lo nieguen los expertos ¡Yo me admiro a mi perro, aunque solo fuera un animal! No Puedo hacer lo mismo con los de mi especie, la experiencia me muestra la cruda realidad.

Dicen que no hay para el perro otra vida, al no tener alma no puede resucitar, no importa, para mi vive en mi recuerdo y mi gratitud permanece actual, y no siendo humano ni profesor de nada, me enseño como mejorar mi condición de humano, me enseño sin intereses amar, me enseño bondades esenciales, me enseño como debo comportarme y hasta como ser racional. ¡Gracias mi querido perro! ¡Nunca podré olvidarte! Por eso hago mías las palabras del poeta Lord Byron y digo convencido ¡Cuanto más conozco a los humanos, mas quiero a mi perro!

 

 

Fray Job de Jesús

Misionero Eucarístico de la Esperanza

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