Martes, 26 Marzo 2019

Chalecos amarillos: ¿quiebra de un sistema?

PUBLICADO EL Domingo, 16 Diciembre 2018 10:35 Escrito por
Francia, las protestas de los "chalecos amarillos": cantan el Himnao Nacional y enarbolan la bandera de la patria Francia, las protestas de los "chalecos amarillos": cantan el Himnao Nacional y enarbolan la bandera de la patria

Me apresuro a afirmar, como catalán, que, a pesar del color elegido, nada tienen que ver los chalecos amarillos de la vecina Francia con las asonadas callejeras de los CDR, punta de lanza de esa cofradía del lazo, guerrilla urbana del separatismo, guardia pretoriana del incalificable Torra, problema invisible, al parecer, para ese gobierno de España que a Sánchez tiene como capitán…

Y me fundamento en un simple dato: aquellos protestan enarbolando su bandera tricolor nacional y entonando La Marsellesa; estos detestan y ultrajan los símbolos de la nación española y blanden la espuria estelada de la secesión; la queja francesa se sustenta en el patriotismo, los alborotos en Cataluña tienen como musa el odio. Francia se agita porque tiene problemas; España sigue debatiendo su problema, cuya solución es que deje de ser ese borrador inseguro que decía José Antonio Primo de Rivera.

Establecida la diferencia, observo que los comentaristas no se ponen de acuerdo sobre la naturaleza de la revuelta francesa, que ya empieza a inspirar otras similares en diversas ciudades europeas. ¿Se volverá a hacer realidad el adagio decimonónico de que cuando Francia se acatarra, Europa estornuda?

No, no es sencillo determinar ni el origen de la agitación ni sus soportes ideológicos, ni sus objetivos y metas a corto o largo plazo; nada está planificado ni predeterminado, y la subida del precio de los carburantes, los impuestos abusivos y el descontento de los ámbitos rurales contra la urbe o de la periferia contra el centro, solo han sido los detonantes de una espoleta contra un estado de cosas general y parecen encerrar una sublevación contra el Sistema.

Los medios y los politólogos andan desorientados y van achacando la autoría de las manifestaciones, enfrentamientos con las fuerzas se seguridad y los inevitables desmanes y violencias ora a la ultraderecha, ora a un confuso neofascismo, ora a la ultraizquierda y a los antisistema, cuando no a la banlieue, a los estudiantes díscolos, a las clases medias o a los católicos más concienciados… No se dan cuenta de que están metiendo en un mismo saco a toda una población, de ideologías dispares y contradictorias y de motivaciones distintas y en ocasiones opuestas.

Toda esa masa de chalecos amarillos posiblemente solo está de acuerdo en expresar, de forma airada y tumultuaria, su asqueamiento del Sistema, el de la democracia formalista e inauténtica, el del neocapitalismo -otorgador del bienestar otrora y cicatero y propenso a los recortes ahora- , el de la socialdemocracia  cómplice de la injusticia, el de la plutocracia y la especulación, el propiciador del reemplazo de poblaciones por las oleadas masificadas de una inmigración provocada, nuevo proletariado útil a los poderosos.

Hace algún tiempo tuve el honor de conocer a un economista hoy silenciado: Manuel Funes Robert; me desconcertó con el enunciado de alguna de sus teorías: él, que se confesaba joseantoniano, venía a reivindicar una nueva lucha de clases, la de toda una sociedad europea, que el consideraba como clase oprimida, contra la clase opresora, que centraba en los especulares financieros y sus aliados, los políticos del Sistema. ¿Sería Funes un profeta de la revuelta de los chalecos amarillos?

Reconozco también que, en su día, manifesté mi interés por las acampadas del 15M; mi familia andaba algo preocupada porque no tuve empacho en meter la nariz en la Plaza de Cataluña -paralela a la Puerta del Sol en la crítica a lo establecido-y escuchar o preguntar a los allí establecidos. Ya sabemos cómo acabó todo aquello y, para mí, nuevo motivo de desengaño: en una burda manipulación de las intenciones y el aupamiento de la nueva casta podemita; posteriormente, he tenido oportunidad de dialogar con algún superviviente de aquellas jornadas y comprobar su frustración por la adulteración de su protesta.

Quizás por ello no adelanto vaticinios sobre en qué acabará lo de los chalecos amarillos ni siquiera me atrevo a formular desideratas personales; me limito a expresar un diagnóstico: más que una rebelión contra las políticas de Macron, estamos ante los primeros síntomas de una aceleración de la quiebra de todo un Sistema global y globalizador. Se equivocó el primer Fukuyama y se equivocan los neomarxistas acogidos a las ubres nutricias de lo políticamente correcto.

Y es que las mentiras no se pueden mantener a lo largo de muchos años. Y la Historia, mal que pese a algunos, da muchas vueltas.

Manuel Parra Celaya

"IN REBUS DUBIIS"

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