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Disidencia y bestias protegidas

PUBLICADO EL Lunes, 11 Febrero 2019 14:00 Escrito por
Más que nunca se hace necesaria la disidencia Más que nunca se hace necesaria la disidencia

 

Quienes me leen de forma habitual saben sobradamente que un servidor siente  por la justicia española una admiración sin límites y un cariño inconmensurable que raya en la pasión.

Así, cuando leo ciertas noticias, ese amor me templa y evita que escupa bilis y que me reviente alguna venilla provocándome un cortocircuito letal.

Pero soy español, y eso le hace a uno estar entrenado para digerir constantemente las noticias más surrealistas, y ver emanar de los poderes del estado los actos más absurdos e indignantes.

El motivo de mi enésimo rebote con esto que llamamos justicia se remonta a unas semanas atrás, cuando un vídeo repugnante me hizo hervir la sangre. En la grabación se veía a un individuo, con apariencia pseudohumana, divirtiéndose mientras maltrataba a un zorro, mirando a la cámara sin pudor alguno, y mostrando al mundo sin recato su bajuna y miserable condición moral.

Y ahora viene lo bueno, aunque no crean que me sorprende. Archivan la causa de este “ser” por consideraciones tan lógicas como que “el zorro no puede considerarse un animal doméstico ni los hechos grabados ser calificados como un espectáculo”. Claro, lo que es un espectáculo circense es la justicia española, que se ha especializado en proteger a los hijos de puta, y humillar a las víctimas de los delitos, sean de la especie que sean.

Recordemos que en las últimas semanas son varios los violadores puestos en libertad, aunque en estos casos –de manera un tanto sospechosa- no ha habido aluvión de manifestaciones y protestas de femilocas, cuyo progresismo les impide condenar las barbaridades cuando los autores son pobrecitos inmigrantes. A las manadas musulmanas hay que respetarles sus costumbres; sí señor. Que no se diga que no nos inspira el más puro sentido de la tolerancia y la defensa más firme de la multiculturalidad. Reconozcamos que nos enriquece, y aceptemos todas estas agresiones sexuales como un mero gaje del globalismo.

La conclusión de todo este dislate nos lleva a constatar que a los únicos que realmente protege nuestro “estado de derecho” es a las bestias. No, no a las bestias salvajes, que por fortuna aún pueblan nuestros bosques, sino a las de dos patas, aunque porten un cerebro de ameba y un alma más negra que el sobaco de un grillo. Estos, los maltratadores, los golfos, los ladrones más empoderados y toda esa fauna de basura  que sólo se da en la especie humana, parecen ser los únicos sujetos a quienes mima primorosamente nuestro sistema. El mismo sistema que criminaliza a todo disidente que lo cuestione.

Menos mal que este mismo fin de semana miles de españoles han salido a la calle a demostrar su hartazgo, y un selecto grupo de verdaderos disidentes han mantenido en Barcelona un interesante programa de conferencias profundamente críticas con la realidad que soportamos (las Jornadas de Contrainformación organizadas por Nostra TV).

Parece que algo se mueve, y que empezamos a reaccionar. Falta hace.

Sergio Pérez-Campos

DISIDENCIAS

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