Lunes, 22 Julio 2019

Adiós al maestro César Vidal

PUBLICADO EL Sábado, 03 Noviembre 2018 15:28 Escrito por
Adiós al maestro César Vidal Adiós al maestro César Vidal

No resulta fácil escribir un Editorial para despedir al maestro César Vidal, a sus ya míticos editoriales que, desde la Sección La Voz de César Vidal, les hemos venido ofreciendo, ininterrumpidamente, desde que empezó este proyecto periodístico cuando vio la luz, hace poco más de trece meses, el número 1 de La Tribuna de Cartagena.

Trabajar junto a César Vidal es un lujo periodístico que pocos profesionales han tenido la fortuna de vivir y, les aseguro, que yo lo he hecho con hambre de aprendizaje, con ansias de embeberme de lo mucho y bueno que César Vidal anda derrochando a borbotones allá por donde pasa.

Porque además de su talento periodístico, además de haber creado un estilo radiofónico único e irrepetible, César Vidal es un  manantial de sabiduría -sin duda, una de las cabezas mejor amuebladas- de una España de la que Machado decía “de cada diez cabezas, nueve embisten y una piensa”.

Lo mejor de haber compartido este tiempo junto a César Vidal no son sus extraordinarios y míticos editoriales, ni siquiera todas las lecciones que me ha dado de periodismo; lo mejor, sin duda, haber gozado de una amistad que anhelo imperecedera, haber disfrutado del amigo siempre pendiente de todas esas pequeñas cosas, de las cuestiones personales que, al final, puede que aunque pequeñas sean las verdaderamente importantes.

De César Vidal me separaban –y siguen separándome- cuestiones ideológicas, creencias religiosas y puede que una determinada manera de entender la vida; sin embargo, además de la admiración profesional por el maestro, a César Vidal me unen horas y horas de conversaciones telefónicas (no es un recurso literario ni una metáfora), ¡creo que la conversación más larga con César estuvo cerca de las 4 horas y media de teléfono! casi al más puro estilo –y espero que me disculpe la comparación- de los discursos en la habanera plaza de la Revolución de un Fidel Castro que tanta paz lleve como descanso ha dejado con su muerte; horas y horas en las que hablamos de Lo Divino (y lo escribo con mayúsculas porque estoy refiriéndome expresamente a Dios, sobre el que tanto hemos conversado) y de lo humano.

César Vidal es, además, uno de los amigos más generosos que he tenido. Y no sólo porque jamás haya cobrado ni un solo céntimo por la emisión de su programa en La Tribuna de Cartagena –primero- y en ambos periódicos desde que apareció La Tribuna de España -después-, sino porque se da sin medida y sin pedir jamás nada a cambio.

Nunca podré agradecer suficientemente cuando, hace bien poco, y encontrándome en el Tercer Mundo, precisé de una atención médica y de unos fármacos imposibles de conseguir en aquel lugar; ¡y de qué manera el amigo César Vidal echó mano de contactos! (César tienes más contactos que un periódico de anuncios por palabras) y movió cielo y tierra para conseguirme la atención urgente que requería.

Es por tanto un momento extremadamente triste decir adiós al amigo y al extraordinario profesional: al primero sé que voy a tenerlo siempre. Y al segundo, quién sabe lo que nos deparara el destino.

Pero los proyectos periodísticos -sobre todo cuando se trata de un proyecto como el de La Tribuna de España, que no anhela una cuenta de resultados favorable para sus accionistas sino convertirse en una herramienta para despertar las conciencias anestesiadas de nuestros compatriotas- transcienden a las personas, deben continuar con o sin ellas, e incluso a pesar de ellas.

Y eso es lo que vamos a hacer en La Tribuna de España, continuar innovando sin desmarcarnos ni un ápice de los objetivos que nos marcamos ni de la línea editorial que desde el minuto uno hemos venido defendiendo. Y también esa es una de las enseñanzas que me guardo del maestro César Vidal: cuando se cree en lo que se hace, cuando lo que se hace es por una misión muy superior al de una cuenta de resultados, cuando se tiene claro el lugar dónde se quiere llegar, sólo los mediocres o los miserables desfallecen.

Así que decimos adiós con todos los honores al maestro César Vidal, agradeciéndole todo cuanto nos ha dado, reconociendo que –acaso sin su concurso- hoy no seríamos ni la mitad de lo que somos; pero esta es una maquinaria que, por ventura, no puede detenerse. Este es un proyecto periodístico que cada día debe consolidarse y hacerse más grande, porque lo único verdaderamente importante es el fin, la herramienta de transformación de la sociedad en la que pretende convertirse este proyecto periodístico que se basa en el humanismo cristiano, en la defensa sin ningún complejo de la unidad de España, en la búsqueda de una profunda justicia social -especialmente para los más desfavorecidos-, en su enfrentamiento frontal con el relativismo liberal imperante en “la prensa del sistema (para nosotros la verdad y la justicia son categorías permanentes de razón) y en ser un azote de la injusticia y la corrupción, vengan de donde vengan.

Así que ya les preparamos novedades importantes en la oferta periodística de La Tribuna de España y de La Tribuna de Cartagena (en breve, también, La Tribuna de Extremadura a punto de iniciar sus primerizos pasos), una oferta que no va a abandonar su ventana a la audiencia radiofónica; muy al contrario, vamos a aumentar (el próximo lunes verán importantes incorporaciones) nuestro tiempo diario dedicado a la radio, como paso previo a esa Radio Tribuna de España que pretendemos tener, más pronto que tarde.

Deseamos a César Vidal todos los éxitos que merece -y que ya cosecha desde hace tantos años- en su andadura profesional y sabe que, en La Tribuna de España, siempre tendrá su casa.

 

Josele Sánchez

Director de La Tribuna de España.

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