Domingo, 25 Agosto 2019

14 de abril ¡Salud y República!... pero España enfermó

PUBLICADO EL Domingo, 14 Abril 2019 10:50 Escrito por
II República II República

 

 

La salud de España durante la Dictadura de Primo de Rivera había sido excelente. D. Miguel Primo de Rivera había curado a España de todas las enfermedades que España había padecido en el desastroso final del siglo XIX y  principios del XX y que la mantenían ingresada en la UCI: La pérdida de las últimas posesiones españolas en ultramar tras las guerras de Cuba y Filipinas que hundieron a España en el desánimo; la corrupción política y los fraudes electorales por el clientelismo caciquil; una masa asalariada empobrecida, alta mortalidad infantil, esperanza de vida bajísima (34 años) y ausencia total de clase media, a lo que el Filósofo José Ortega y Gaset denominó “La España Invertebrada”; una alta tasa de analfabetismo (64%); migración de los campesinos a las ciudades para salir de la pobreza y en donde se encontraban con el cáncer del paro o la explotación laboral; crecimiento del socialismo y anarquismo que condujo a una mayor  inestabilidad social, donde a parte de las huelgas, la sociedad se sumió en el pistolerismo patronal y sindical; la convulsa España en donde asomaban las ideologías Marxistas y Anarquistas provocó el asesinato de tres presidentes del gobierno entre final del siglo XIX y los primeros compases de siglo XX: Cánovas, Canalejas y Dato y el intento de asesinato del propio Rey Alfonso XXIII en el día de su boda con Victoria Eugenia de Battenberg; anticlericalismo creciente; el pesimismo de la intelectualidad de la generación del 98; los gobiernos se sucedían sin operatividad alguna y las huelgas quebraban la paz social, haciendo necesaria la fuerza militar para sofocarlas; el nacionalismo y regionalismo creciente; la Guerra de África y la Semana trágica de Barcelona tras la sofocación de la revuelta por el traslado de soldados reservistas  a dicha guerra y por último el Desastre de Annual.

Desencantado con el juego político, ante la incapacidad de los dirigentes para resolver ninguno de los problemas que acuciaban a los españoles y atemorizado por el clima de violencia generalizado, el Rey Alfonso XIII aceptó el golpe de estado del General Miguel Primo de Rivera. La Dictadura terminó con la guerra en Marruecos sacándonos la espina del Desastre de Annual con el Desembarco de Alhucemas; modernizó España creando infraestructuras de comunicación e hídricas con un Plan Hidrológico Nacional que mejoró sustancialmente la economía de España; se acabaron las huelgas, el paro, el pistolerismo y las convulsas e infructuosas discrepancias políticas. Todo comenzó a funcionar. Bueno, todo no, los mediocres políticos españoles no perdonaban al Rey la falta de juego democrático.

Por ello, la presión de la oposición política, unido a alguna conspiración militar y al agravamiento de la diabetes del dictador, que le llevó a la tumba poco después de dejar el poder, hicieron que Primo de Rivera presentase su dimisión el 28 de Enero de 1930.

El Rey totalmente desprestigiado, en un intento de regresar a la normalidad constitucional, nombró al General Dámaso Berenguer como Jefe del nuevo gobierno. El General Berenguer quiso devolver a la Corona su autoridad moral desvinculándola de la dictadura. Días después disuelve la Asamblea Nacional y los partidos empiezan a operar con total libertad. Berenguer diseña un calendario para la normalidad democrática poniendo fecha a unas elecciones municipales y otras generales para Congreso y Cortes, pero la sublevación contra el Rey ya se estaba gestando.

Y así es como se produce la reunión republicana de San Sebastián, autentico complot para terminar con la Monarquía. El 17 de Agosto de 1930, distinguidos republicanos de distinto signo se reunieron en el Casino Republicano de San Sebastián, bajo la presidencia del líder local de Unión Republicana Fernando Sasiaín. No faltó nadie a la reunión de los que muy pronto llevarían las riendas de la II República. La finalidad de la reunión era elaborar y coordinar un programa y un plan concreto de actuación para derribar a la Monarquía de Alfonso XIII e implantar la II República. En este caso no se aprobaron declaraciones de principios ni se realizaron brindis al Sol. El objetivo estaba perfectamente definido: convocar unas Cortes Constituyentes Republicanas, acometer la reforma agraria (como toda revolución que se precie) y reconocer el derecho de autonomía de las regiones que lo solicitaran. Con respecto al tema catalán, se acordó aceptar un estatuto redactado libremente por los catalanes, ¿no os suena un poco al gobierno Zapatero?.

Asistieron según consta en la "Nota oficiosa" hecha pública al día siguiente: por la Alianza Republicana: Alejandro Lerroux, del Partido Republicano Radical, y Manuel Azaña, del Grupo de Acción Republicana; por el Partido Radical-Socialista, Marcelino Domingo, Álvaro de Albornoz y Ángel Galarza; por la Derecha Liberal Republicana, Niceto Alcalá-Zamora y Miguel Maura; por Acción Catalana, Manuel Carrasco Formiguera; por Acción Republicana de Cataluña, Macià Mallol Bosch; por Estat Català, Jaume Aiguader; por la Federación Republicana Gallega, Santiago Casares Quiroga; y a título personal, Indalecio Prieto, Felipe Sánchez Román, y Eduardo Ortega y Gasset, hermano del filósofo. Gregorio Marañón no pudo asistir, pero envió una "entusiástica carta de adhesión".

El lector inteligente puede suponer los motivos por los que no se levantó acta por escrito ni de los temas tratados ni de los acuerdos alcanzados, pero se quedan en eso, en sospecha. Sólo conocemos lo que se habló a través de una "Nota oficiosa" que se publicó al día siguiente de la reunión en el diario “El Sol”, después de señalar la "unanimidad con que se tomaron las diversas resoluciones adoptadas" (sin explicar cuáles eran); en la "Nota oficiosa" se hacía un llamamiento a "las demás organizaciones políticas y obreras" (en referencia implícita al PSOE y a la UGT) para "sumar su poderoso auxilio a la acción que sin desmayos pretenden emprender conjuntamente las fuerzas adversas al actual régimen político". Secretismo para un complot en toda regla.

¿Diseñaron allí “tan democráticos personajes” (nótese la ironía) el fracasado golpe de estado republicano de los capitanes Fermín Galán y García Hernández? ¿Se habló acaso de cómo aprovechar unas elecciones municipales para proclamar la república?, quién sabe; solo conocemos los hechos y son: que, sin esperar a las elecciones generales programadas para el 7 de mayo, el 12 de Abril de 1931, en unas elecciones municipales que no ganaron en votos las fuerzas republicanas, deciden tomar la calle y echar al Rey.  Unas elecciones municipales no arbitran un cambio de régimen ni legitiman la deposición de un rey, es decir, se consumó un golpe de estado en toda regla.

Todo estaba coordinado: sin esperar al recuento oficial que más tarde se supo que había dado la victoria a los Monárquicos, los partidos republicanos toman las calles y se dirigen a Palacio; consideraron, con su talante democrático (nótese otra vez la ironía), que los votos de las pequeñas ciudades y los pueblos donde ganaron ampliamente las fuerzas no republicanas, no tenían ningún valor. Qué curioso, además, que quienes podían defender el Palacio: la Guardia Civil, la Guardia Real y la Policía, se negaron a actuar. Así el Director General de la Guardia Civil, ni más ni menos que el General Sanjurjo, explicó a los ministros que no haría nada para restablecer el orden y que a partir de ese instante pasaba a servir a la República. El Jefe superior de policía de Madrid, el Coronel Aranguren ordena no intervenir en las manifestaciones que se están llevando a cabo y el Capitán de la Guardia Real de servicio le aclara al propio Alfonso XIII que si ordena cargar sobre la gente, los propios guardias irían contra él.

En estas circunstancias, con la gente en la calle, los ánimos encendidos, las fidelidades perdidas y el Palacio Real cercado, al Rey no le quedó otro camino que huir hacia el exilio, cosa que hizo el día 14 de Abril por la noche. Otra singularidad es que, sin esperar a las elecciones generales del 7 de Mayo, los líderes republicanos Alcalá Zamora, Lerroux, Azaña, Fernández de los Ríos, Maura y Albornoz (que curioso, los mismos del Pacto de San Sebastián), se dirigen al Ministerio de la Gobernación y sin ninguna resistencia se les entrega el poder, nombrando a D. Niceto Alcalá Zamora como Presidente de la República. Muchos intelectuales, militares y algunos políticos republicanos como el propio Alcalá Zamora, no tardarían en arrepentirse del caos que estaba cercano a llegar.

Sirva como ejemplo de las libertades que se disfrutaron (otra ironía) en la II República, que el 20 de Octubre de 1931 se aprobó la LEY DE DEFENSA DE LA REPÚBLICA, instrumento muy sencillo de cuatro artículos, pensado para acabar totalmente con la posibilidad de hacer oposición al Gobierno de la República y que podríamos resumir en estas prohibiciones:

-   Prohibición de la libertad de prensa

-   Establecimiento de la Censura Previa

-   Prohibición del derecho a Manifestación y Reunión

-   Prohibición de lucir cualquier enseña o símbolo no republicano

- Prohibición de criticar a cualquier institución republicana y a sus representantes.

Cualquier manifestación en favor de la Monarquía era considerada delito.

A la hora de emplear la citada Ley, se aplicó la ley del embudo; un ejemplo: según la norma, era una agresión a la República la comisión de actos violentos por motivos religiosos, pero esto no se tuvo en cuenta cuando la violencia iba dirigida contra propiedades, personas o signos religiosos, sino cuando las personas religiosas que habían sido atacadas devolvían el golpe.

Por eso no es de extrañar que cuando un partido no republicano, la CEDA, venció en las elecciones generales de 1933, no se le permitió por parte del Presidente de la República Niceto Alcalá Zamora formar Gobierno, nombrando al Jefe de un partido de Centro, pero republicano, el Sr. Lerroux, el formarlo y de ahí también que en Octubre de 1934 cuando Lerroux decidió compensar a la CEDA con tres Ministros, se produjera la Revolución de Asturias y por otros motivos, la proclamación del Estado catalán independiente por Lluis Companys.

Esta iba a ser una de las grandes trabas de la República: conseguir dominar los desmanes de sus propios correligionarios, abusando de los que de facto estaban ya condenados por no serlo. No podía terminar bien una II República nacida de un golpe de Estado el 14 de Abril de 1931, con una opresiva Ley de Defensa de la República y una aplicación totalmente sectaria; la no aceptación de los resultados electorales de Noviembre de 1933; el golpe de estado de 1934; la radicalización de los mítines de la izquierda en la campaña electoral de 1936, con discursos anticlericales, golpistas y revolucionarios; el fraude electoral, hoy demostrado con datos, en las elecciones de Febrero de 1936 que llevan al revolucionario Frente Popular al poder; los asesinatos, anticlericalismo activo y pistolerismo desde las elecciones hasta el asesinato del líder de la derecha D. José Calvo Sotelo.

No puede ser democrático lo que nace con una imposición. No podía haber libertad en una república donde se adueñan los revolucionarios que admiraban la Rusia de Stalin y dan un golpe de estado cuando los resultados de las urnas no les gustan. La II República española era el primer paso hacia la revolución bolchevique, la Guerra Civil española estaba garantizada.

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