Lunes, 17 Diciembre 2018

Occidente repatría a los terroristas con “casco blanco". El huevo de la serpiente en casa

PUBLICADO EL Miércoles, 25 Julio 2018 12:49 Escrito por Finian Cunningham

 

Occidente ha hecho un gran y dramático esfuerzo para sacar a cientos de terroristas el escenario bélico sirio. La idea es reasentarlos en Europa y Canadá.

Con este rescate, los gobiernos occidentales se arriesgan a poner seguridad pública al borde del precipicio, sembrando la semilla para el aumento de futuros conflictos multiculturales.

 

El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, ordenó a sus fuerzas armadas evacuar hasta ochocientos miembros pertenecientes a los llamados “cascos blancos”, verdaderos propagandistas del Frente Nusra y otras organizaciones terroristas vinculadas a Al-Qaeda [1].

Netanyahu puso como excusa, para llevar a cabo esta operación, los llamamientos del propio presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, y del primer ministro canadiense, Justin Trudeau.

Existen informes de que, junto a estos “cascos blancos”, cuatro “comandantes” yihadistas de alto rango recibieron salvoconductos para evacuar territorio sirio, a través de Tel-Aviv, ya que las fuerzas leales se acercaban peligrosamente a Daraa y a la provincia de Quneitra [2].

En este sentido, no fue una coincidencia que las operaciones de evacuación fueran acompañadas de ataques aéreos israelíes contra instalaciones del gobierno sirio en la provincia de Hama.

Damasco, obviamente, condenó la evacuación de estos cientos de yihadistas por parte de Israel y sus aliados occidentales, calificándola como “operación criminal” y, al fin y a la postre, enésima prueba de que la guerra de casi ocho años que asola Siria ha sido fomentada y alimentada por potencias extranjeras.

Ni qué decir tiene, que Netanyahu, los gobiernos occidentales y sus medios de comunicación están maquillando este traslado operativo de los “cascos blancos” como “gesto humanitario”. Y justamente esto estaba sucendiendo cuando aviones de combate y francotiradores israelíes estaban sumiendo a Gaza en una nueva carnicería.

El nuevo secretario de Estado para Asuntos Exteriores de Gran Bretaña, Jeremy Hunt, ha descrito el “rescate” israelí de los “cascos blancos” como una “noticia fantástica”, afirmando que estos eran, ni más ni menos, que los “más valientes de los valientes”.

Pero dejemos a un lado esta nueva engañifa. Los “cascos blancos” han sido, hasta aquí, un colectivo propagandístico apoyado, desde el primer momento, por el MI6 británico y la CIA estadounidense, que ha trabajado codo con codo con las milicias terroristas takfiríes. Sus falsos vídeos de ataques químicos y ficticios bombardeos aéreos, han sido un mecanismo clave que, a través de la difusión masiva por los medios de comunicación occidentales, han coadyuvado a demonizar al Ejército árabe sirio y a su aliado ruso.

La propaganda mentirosa de los “cascos blancos”, por ejemplo, fabricó un ataque químico en Duma, el pasado 7 de abril, que sirvió como coartada para un aluvión de ataques aéreos por parte de la aviación de guerra de los Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia.

Fundados en 2013 por un agente británico del MI6 y un ex oficial del ejército británico llamado James Le Mesurier, los llamados “cascos blancos” han sido financiados con cientos de millones de dólares por los gobiernos de los Estados Unidos, Gran Bretaña y otros Estados miembros de la OTAN.

Hay evidencias grabadas en vídeo que muestran a miembros de los “cascos blancos” participando en horribles ejecuciones públicas organizadas por terroristas takfiríes hermanados con Al Qaeda [3]. Uno de esos vídeos, muestra la ejecución de un soldado del Ejército árabe sirio en Daraa, la ciudad desde donde se ha producido la última evacuación de yihadistas por parte de Israel.

Por cierto y ya que mencionamos a Daraa, sería conveniente desmentir la idea de esta ciudad como “cuna de la revolución” o del “nacimiento del levantamiento” contra el gobierno del presidente Bashar Al-Assad, en marzo de 2011. Lo que realmente sucedió en Daraa, es que fue justamente allí donde se situó la puerta de entrada de una “primavera” teledirigida por Estados Unidos con el objetivo de derribar al régimen sirio.

Volviendo a los ochocientos “cascos blancos” evacuados por Israel, la periodista de guerra Vanessa Beeley, cuya labor para desenmascarar a los “cascos blancos” ha sido absolutamente impagable, ha llamado la atención sobre las escasas diligencias, tanto de Israel como de los EEUU, sobre un hecgho que llama la atención: la transferencia a Occidente de estos “refugiados” que, en realidad, no son otra cosa que terroristas.

¿Nadie se hace preguntas sobre la presencia de estos “cascos blancos” en Gran Bretaña, Alemania y Canadá? [4]

El caso de Alemania es particularmente hilarante. El ministro del Interior, Horst Seehofer, ha autorizado personalmente el reasentamiento en Alemania de los “cascos blancos” expulsados de terrotorio sirio y transferidos por Israel. Este tal Seehofer es, justamente, quien puso recientemente en un serio aprieto al gobierno de Berlín, como consecuencia de la política de “puertas abiertas” a la inmigración de la canciller Angela Merkel.

La llegada de los “cascos blancos” evacuados a países occidentales denota no poca ignorancia de las autoridades. ¿Seehofer y otros ministros, como el británico Jeremy Hunt, están mal informados sobre los “cascos blancos”? Lo dudo. Seguramente los servicios de seguridad estatales de los países de acogida saben a la perfección la naturaleza criminal y psicopática de las personas que llegan como “refugiados”.

Este hecho, empero, no tiene precedentes. En su documentadísimo libro “My Fight For Syrian Freedom” [“Mi lucha por la libertad en Siria”], el conocido pacifista irlandés Declan Hayes, detalla numerosos casos sobre la financiación del terrorismo yihadista, a través de los servicios secretos británicos y franceses, con el propósito de librar guerras encubiertas para el cambio de régimen tanto en Siria como en Libia. Algunos de estos terroristas implicados en los operativos occidentales fueron transferidos a Gran Bretaña y Francia, bajo la identidad de “refugiados” y a sabiendas de su verdadera identidad.

Consecuencia: algunos de estos “refugiados” han protagonizado actos terroristas en Europa. Por ejemplo, como documenta Hayes en su libro, el atentado con bomba del concierto de Manchester que mató a 22 personas, en mayo de 2017, fue realizado por una célula de la yihad libia que, tanto el MI5 como el MI6, habían programado en su momento para ayudar a derribar el régimen de Muammar Gaddafi.

Similares conexiones entre yihadistas y servicios secretos estatales han sido detectados en ataques terroristas en territorio francés y belga. Lo que no queda claro, es si estas células actúan por cuenta propia o son teledirigidas por la inteligencia británica o francesa, en operativos de provocación deliberada, con el objeto de promover, ulteriormente, leyes de seguridad nacional más restrictivas y mayores poderes de vigilancia sobre la ciudadanía.

Declan Hayes reconoce que el problema de los terroristas patrocinados por Occidente, que regresan a Gran Bretaña y otros países europeos bajo la apariencia de ser “refugiados de guerra”, es mucho mayor de la que los gobiernos admiten públicamente.

Hayes, tras haber visitado Siria en multitud de ocasiones, apunta un dato significativo: la mayoría de familias leales al gobierno de Damasco se mostraron inflexiblemente determinadas a quedarse, a pesar de los desastres, en el país y defender sus comunidades, al tiempo que apunta que parte de los refugiados que huyen de aquel país, sobre todo de Aleppo y Daraa, habían militado en las filas del takfirismo.

Esta es la opinión de algunos gobiernos europeos y, de hecho, existen programas de investigación rigurosa, pero también es cierto que los “refugiados” utilizan a menudo chantajes emocionales, que la prensa se encarga de lanzar contra las autoridades, tildándolas de “desalmadas” o “racistas”.

De lo que no cabe la menor duda es que el terrorismo fue fomentado desde el exterir tanto en Siria como en otros países, con el objetivo de hacer el “trabajo sucio”, previo a la desestabilización definitiva de gobiernos locales.

Ahora que la guerra en Siria está en la antesala de su finalización, con el Ejército árabe sirio, respaldado por Rusia, Irán y la milicia de Hezbolá, extirpando los últimos restos del yihadismo, observamos como determinados Estados occidentales se apresuran a transferir, de manera un tanto desesperada, a parte del terrorismo takfirí. ¿Con el objetivo de evitar que, en caso de ser capturados, revelen los sucios secretos y la connivencia con los gobiernos occidentales?

La repatriación de los terroristas propagandistas conocidos como “cascos blancos” a Reino Unido, Alemania y Canadá es un buen botón de muestra.

Las autoridades occidentales, en definitiva, están jugando con fuego. No solo corren riesgos en lo referente a la seguridad pública en sus respectivos países, sino que, de rebote, están ayudando a avivar la llama de la xenofobia, el racismo y la guerra cultural contra otros refugiados inocentes.

 

[1] https://21stcenturywire.com/2017/06/21/white-helmets-severed-heads-of-syrian-arab-army-soldiers-paraded-as-trophies-endorsed-by-channel-4/

 

[2] https://www.presstv.com/Detail/2018/07/23/568978/Israel-Syria-militant-commanders-White-Helmets

 

[3] https://21stcenturywire.com/2017/06/21/white-helmets-severed-heads-of-syrian-arab-army-soldiers-paraded-as-trophies-endorsed-by-channel-4/

 

[4] https://www.reuters.com/article/us-mideast-crisis-syria-israel/syrian-white-helmets-flee-to-jordan-with-israeli-western-help-idUSKBN1KC05W

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