Jueves, 18 Julio 2019

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Bosnia-Herzegovina: ¡yihadistas, sí; rusos, no!

PUBLICADO EL Sábado, 01 Septiembre 2018 17:19 Escrito por Alexandar Pavik

 

El pasado jueves 23 de agosto, se denegó la entrada en Bosnia-Herzegovina al escritor ruso Kakhar Prilepin, autor con una fuerte tirada en ventas, por considerar las autoridades de dicho país que “representa una amenaza para la seguridad y las relaciones internacionales”, según lo establecido por la inteligencia y seguridad de dicho país. La “mala fama” de Pripelin viene avalada por los informes de los medios occidentales que han enfatizado las simpatías del autor ruso por los rebeldes de Donbass, en el este de Ucrania, y su rechazo de las políticas antirrusas que abandera Kiev tas el golpe de Estado de  febrero de 2014.

 

Prilepin nunca ocultó sus posiciones y así lo reiteró a la agencia de noticias serbia Sputnik, agregando que, con anterioridad, había visitado “veinte o treinta veces” Bosnia-Herzegovina sin el menor problema, que incluso había tenido un encuentro el presidente de la República serbia de Srpska, así como con el director de cine, mundialmente conocido, Emir Kusturica. Prilepin señaló que esta era la primera vez que un país europeo le negaba la entrada, y que jamás había tenido un solo incidente en sus viajes por Europa occidental, incluyendo Italia, Alemania, Suiza y Francia.

 

La embajada rusa, de inmediato, expresó su “preocupación y profunda decepción” por el incidente y solicitó una explicación al Ministerio de Relaciones Exteriores de Bosnia-Herzegovina que, a su vez, pasó la patata caliente al Consejo de Ministros y otros dos ministerios, sin resultado alguno hasta el momento.

 

La primera ministra de la República Srpska, Zeljka Cvijanovic, por su parte, se sorprendió de que, mientras cientos de inmigrantes de Oriente Medio, África y Asia que se dirigen a la Unión Europea, ingresan en Bosnia-Herzegovina sin pasaporte, un escritor ruso con pasaporte válido era detenido en la frontera. En su opinión, esta era una acción orquestada por varias agencias de Bosnia-Herzegovina en coordinación con determinadas embajadas occidentales”, y que se había conformado una suerte de “listado político” de personas indeseables en el marco de una campaña de “histeria antirrusa.

Prilepin confirmó que algunos de los agentes fronterizos que lo detuvieron admitieron “honestamente” que él no era el único de la “lista negra”, de la que forman parte también varios empresarios rusos, quienes también tienen vetada la entrada al país.

 

El experto en seguridad Dzevad Galijasevic, musulmán de Bosnia-Herzegovina, cree que este incidente es parte de una política deliberadamente antirrusa y acusó a las principales figuras del gobierno de Bosnia-Herzegovina, de establecer “sanciones con sordina contra Moscú”, mientras que “wahabitas, mujaidines y terroristas del Estado islámico, camuflados entre los desplazados, son bienvenidos a Bosnia-Herzegovina”, como por ejemplo Tariq Mahmoud Ahmed al Sawah, a quien la cadena norteamericana Fox News ha perfilado como un “conocidísimo experto en explosivos de Al Qaeda” (…) y que bien podría tener conocimeinto previo de los atentados del 11 de septiembre (de 2001). Al Sawah salió libre de Guantánamo en 2016 y fue transferido a Bosnia-Herzegovina, cuyo gobierno no tuvo el menor empacho en acogerlo.

 

El expresidente de la República Srpska, Milorad Dodik, señaló también lo absurdo de que un escritor ruso sea considerado una amenaza para Bosnia-Herzegovina, mientras que a “miles de migrantes y repatriados de la guerra en Siria” se les considera personas inofensivas. Para  Dodik la prohibición de la entrada de Prilepin en Bosnia-Herzegovina forma parte “de la histeria antirrusa (...) dirigida por algunos países occidentales”, histeria agudizada ante las elecciones a celebrar el 7 de octubre próximo.

 

Durante los últimos meses medios de comunicación balcánicos han estado difundiendo lamentos casi diarios, por parte de altos funcionarios, diplomáticos y medios occidentales sobre la “maligna influencia” de Rusia en la región, sin ofrecer evidencia tangible alguna. Paradójicamente, sí que se han difundido noticias contrastadas con respecto a la injerencia de los Estados Unidos en dicho proceso electoral.

 

Un ejemplo: justo un día antes de que se prohibiera a Prilepin pisar suelo de Bosnia-Herzegovina, Dodik acusó a los norteamericanos de “entrometerse” en las próximas elecciones, especificando, según Reuters, que la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) -a la que hay que añadir los programas dirigidos por George Soros- estaba “implementando su ayuda”, a través de determinadas ONGs, ocultado su verdadera agenda  bajo las tapaderas de luchar contra el crimen y la corrupción, y fortalecer los medios independientes.

 

No era la primera vez que se acusaba a Estados Unidos de inmiscuirse en las elecciones de Bosnia-Herzegovina. En mayo pasado, el gobierno de la República Srpska presentó un informe al secretario general de la ONU que recogía evidencias sobre la intromisión electoral estadounidense, como parte de un programa de mayor envergadura, con el objetivo de influir en la vida política de Bosnia-Herzegovina durante los últimos veintitrés años, desde el momento mismo en el que el país se convirtió, “de facto”, en un protectorado político occidental. En total, Estados Unidos ha invertido más de 100 millones de dólares USA desde 1995, la mayor parte canalizada a través de USAID y el Departamento de Estado, a través de la embajada norteamericana en Sarajevo, remesas enfocadas principalmente en combatir partidos “nacionalistas” proserbios. En cuanto a las próximas elecciones de octubre, según el citado informe, el Congreso estadounidense habría inyectado 18 millones de dólares USA para el denominado Fondo de Apoyo Económico y de Desarrollo para Bosnia-Herzegovina, durante 2018, para “reducir las vulnerabilidades a la presión rusa, particularmente en los sectores de energía y medios de comunicación”, así como para “apoyar medios de comunicación independientes, y fortalecer procesos electorales y políticos democráticos”.

 

No hay que ser un genio, pues, para deducir que la prohibición de la entrada del escritor ruso a Bosnia-Herzegovina no fue, en modo alguno, el capricho de un cacique local, sino parte de una estrategia más amplia y sistemática orquestada por los Estados Unidos, bajo el pretexto de combatir una supuesta “influencia maligna rusa. Zakhar Prilepin es, usando un término muy caro a los neoliberales, un “daño colateral”. Y es que los Balcanes son vistos por Occidente como un “asunto pendiente”, proceso que no puede tener otro colofón que la región sea “totalmente absorbida por las estructuras euroatlánticas”. La prohibición de Prilepin será, sin duda, un anticipo de situaciones aún peores, como la “revolución de color” que se prepara contra los serbios de la República Srpska, bajo las excusas de “traer la democracia” y combatir la “intromisión rusa.

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