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Asia Central, objetivo del Estado Islámico. ¿Se trasladan al este los conflictos de Siria e Iraq?

PUBLICADO EL Viernes, 27 Julio 2018 02:25 Escrito por Arkady Savitsky

Los combates en el norte de Afganistán entre talibanes y partidas del Estado Islámico o Daesh se han intensificado en las últimas semanas. Los micicianos del Daesh han extendido sus acciones terroristas más allá de su base original, en la provincia oriental de Nangarhar, en un intento por expandir su presencia en el país. Esta situación era más que previsible. Era obvio que el Daesh se reasentara tras ser derrotado derrotado en Siria e Iraq [1].

 

Si bien es cierto que la atención mediática se ha centrado en Siria, lo cierto es que el Daesh en Afganistán se ha ido fortaleciendo a medida que los desertores de las distintas milicias takfiríes derrotadas se han ido uniendo a sus filas.

 

Los dos grupos rivales —takfiríes y talibanes—, aparte de estar embarcados en una lucha entre sí, también sostienen un enfrentamiento directo con las tropas leales a Kabul. Las fuerzas de seguridad afganas están al borde del límite. Este mismo mes, el Secretario de Estado estadounidense Mike Pompeo visitó Afganistán tratando de que se abrieran conversaciones de paz entre el gobierno afgano y los talibanes. Pompeo, llegó incluso a comprometerse en estar presente en dicha mesa de diálogo [2].

 

En la actualidad, se cree que en Afaganistán hay alrededor de 12.000 milicianos del Daesh, muchos de ellos procedentes de Asia Central, de los que 1.500 milicianos estarían combatiendo en la provincia de Jowzjan. Esta fuerza, ciertamente, no es lo suficientemente grande como para expulsar a las fuerzas de seguridad afganas o representar una amenaza para los Estados vecinos, como por ejemplo Turkmenistán, pero también es cierto que, hace tan solo dos años, absolutamente nadie hubiera dado crédito a la noticia de esta presencia. Para Turkmenistán la presencia de takfiríes, al igual que la de los talibanes, es preocupante. Ambos movimientos representan una amenaza pero, a diferencia de los talibanes, la estrategia del Daesh se centra en desplegarse a lo largo de las fronteras.

 

La interrupción del gaseoducto Turkmenistán-China, con un rendimiento de 55 mil millones de metros cúbicos/año, va a ser un duro golpe para las economías de la región y, a diferencia de Tayikistán y Kirguistán, miembros de la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (OTSC) liderada por Rusia, Turkmenistán se encuentra en un cierto grado de aislamiento.

 

La OTSC es una alianza defensiva. Posee una fuerza de movilización rápida de unos 17.000 soldados, así como una una brigada de mantenimiento de la paz especializada. La unidad de mantenimiento de la paz puede incluso operar bajo los auspicios de la ONU. En el operativo militar simulado bautizado como “Combat Brotherhood 2017”, la OTSC desplegó 12.000 soldados, 1.500 equipos militares de diverso tipo y 90 aviones de combate, pertenecientes a todos los miembros de la alianza: Rusia, Bielorusia, Armenia, Kazajstán, Kirguistán y Tayikistán. Estos operativos de entrenamiento se realizan con cierta regularidad con el objeto de mantener a los militares en forma y listos para entrar en combate en cualquier momento [3]. El año pasado, la OTSC adoptó una nueva estrategia de seguridad que deberá prolongarse en el tiempo hasta 2025, y que incluye una pormenorizada lista de amenazas externas.

 

La OTSC está preparada para desplegar sus fuerzas en la frontera tayiko-afgana y el gobierno de Tayikistán está absolutamente persuadido de la necesidad de su pertenencia a la alianza. La OTSC, además, está en condiciones de cooperar con la Organización de Cooperación de Shanghai (OCS). La idea de fusionar ambas alianzas no es nueva, sino que surgió en 2014. Rusia, Kazajstán, Kirguistán, Tayikistán y Uzbekistán son miembros tanto de la OTSC como de la SCO, y ambas alianzas han firmado ya un documento sobre sus prioridades en materia de cooperación.

 

El ejército de Turkmenistán cuenta con sólo 18.500 miembros en sus fuerzas armadas, contando los 3.000 de la fuerza aérea y los 500 de la marina de guerra. Posee, además, una guardia fronteriza compuesta por unos 12.000 miembros. El problema es el escaso entrenamiento de esta guardia de fronteras y las obvias carencias en la protección de las fronteras, por lo que el tráfico de drogas con destino a Kazajstán y Rusia apenas si tiene obstáculos. A esto hay que añadir, como ha desñalado repetidas veces el ministro de Asuntos Exteriores ruso, Serguei Lavrov, la permisividad del contingente militar de la OTAN presente en Afganistán, que no está haciendo nada para detener la producción y el tráfico de drogas en dirección a occidente [4].

 

No acaban aquí los problemas para Turkmenistán, ya que el extremismo religioso y las disputas tribales se están extendiendo como una mancha de aceite por todo el país. Un gran número de turcomanos residentes Afganistán, hasta no hace mucho aliados de los talibanes, han cambiado sus lazos de amistad y, a lo largo del último año, han dirigido su lealtad hacia los cabecillas del Daesh.

 

La situación es precaria, pero las autoridades turcomanas niegan que haya algún problema a lo largo de la frontera con Afganistán, al tiempo que rechazan cualquier oferta de asistencia de los Estados vecinos.

 

Uzbekistán está menos expuesto a agresiones externas porque la frontera afgana es lo suficientemente corta para estar bien protegida. Cualquier partida takfirí tendría, pues, que ingresar a través de Tayikistán, donde Rusia tiene presencia militar.

 

Por lo que respecta a Uzbekistán, el llamado “Movimiento Islámico”, juró lealtad al Estado Islámico en 2014, lo que provocó la llegada de unos aproximadamente 1.500 uzbekos tanto a Siria, como a Iraq y otros lugares de la región. ¿Han vuelto ya a casa?

 

La difusión de la ideología yihadista podría suponer un grave peligro interno para Uzbekistán, y más teniendo en cuenta que este país, en 2012, se retiró de la alianza OTSC. Es miembro de la OCS desde 2001, pero el “grupo de Shangai” no tiene capacidad para entrar en cuestiones militares. La buena noticia, en 2017, es Uzbekistán y Rusia llevaron a cabo ejercicios militares conjuntos después de años de un cierto alejamiento entre ambos países.

 

El pasado año, la inteligencia rusa descubrió 56 células durmientes, detuvo a 1.018 milicianos, eliminaron a 78 terroristas y prohibieron la entrada al país a 17.500 personas sospechosas de tener vínculos con organizaciones terroristas islamistas. Los terroristas de la minoría china de los uigures también están luchando en las filas del Daesh y, estos sí, son percibidos por Pekín como una amenaza directa. Según el director del Servicio Federal de Seguridad (FSB) Alexander Bortnikov, “los bandidos se están moviendo más activamente [desde Siria e Iraq] a territorio afgano, donde ya se han establecido bases del Daesh y, desde ahí, pueden infiltrarse en Asia Central, Irán, China e India. Utilizando su punto de apoyo en Afganistán, los terroristas también intentan llevar a cabo ataques contra Rusia” [5]

 

La más que posible expansión del extremismo, desde el norte de Afganistán hacia los Estados de Asia Central, es un problema compartido que debe abordarse conjuntamente con la inestimable ayuda de las alianzas. La amenaza puede contrarrestarse eficazmente con la cooperación entre las alianzas OTSC y SCO.

 

[1]
https://www.longwarjournal.org/archives/2018/07/islamic-state-releases-photos-from-jowzjan.php
[2]
https://www.reuters.com/article/us-afghanistan-usa-pompeo/pompeo-in-surprise-visit-to-afghanistan-urges-taliban-peace-talks-idUSKBN1JZ1N9
[3]
https://www.strategic-culture.org/news/2017/10/05/russia-central-asia-prepare-fend-off-security-threats-together.html
[4]
https://www.youtube.com/watch?v=Uq5HF13pEtE
[5]
https://sputniknews.com/asia/201710041057931883-daesh-afghanistan-russia-fsb/

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