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Latrocinio de ataudes en Valladolid. “Operación Ignis”: estafa de vida, estafa de muerte. Artículo de Ignacio Fernández Candela

PUBLICADO EL Lunes, 04 Febrero 2019 13:21 Escrito por Ignacio Fernández Candela
Estafa de los ataudes en Valladolid Estafa de los ataudes en Valladolid

 

 

Según la delegada del Gobierno en Castilla y León, Virginia Barcones, desde 1999 se estafó a miles de personas cambiando los ataúdes en el horno crematorio. Si fuese así, el Grupo Salvador ha caído en desgracia después de enriquecerse presuntamente con un concepto de estafa particularmente desalmado.

 

Vivir y morir cuesta un ojo de la cara, del vivo y del muerto. La salud y la muerte son pretextos de ganancias cada vez más argumentados con menos disimulo, y si cuela hasta con fraude. La inexorable existencia rinde sus beneficios inescrupulosamente, si se quiere mantener sana a merced de una ciencia médica últimamente muy cuestionable, ¿por qué no aprovechar el trance de la muerte? Todo es cuestión de dinero.

 

No todo el mundo enferma de cáncer pero sí acude al dentista para arreglarse una muela. El cáncer es un negocio muy rentable, exclusivo y esporádico, en tanto los dientes son el negocio de la continuidad, esa es la verdadera rentabilidad, para más inri a precio desorbitado. El monopolio del cáncer es especializado y no cabe la improvisación ni la dispersión de criterio, siendo al antojo muy controlada la supuesta legalidad.  Por el contrario, muchos dentistas tienen fama de peseteros sin honra y no es casualidad que las actuaciones de muchas clínicas dentales terminen con querellas en los juzgados. La misma naturaleza del negocio facilita que los desaprensivos hagan su agosto desvalijando durante todos los meses del año. No obstante la necesidad de la salud bucal del potencial paciente está siempre contemplada en cualquier momento de la vida; de ello se aprovecha el clan profesional. Son aprovechados legales porque nunca faltará un consumidor que requiera sus servicios. Los dientes tarde o temprano implican cualquier dolencia y el salario asegurado del sacamuelas de turno. Excepciones habrá sobre el código deontológico, pero es una percepción social ese sambenito de sacacuartos que se basa en las experiencias de los aquejados, caídos en las garras de unos desaprensivos acostumbrados a la chapuza y el engaño que además justifican el encarecimiento del servicio por la complejidad de las técnicas odontológicas. El corporativismo se encarga de incrementar los costos que de otro modo serían más asequibles y honrosos de cara al paciente.

 

La estafa dental es recurrente en España con miles de afectados, pacientes que obligadamente requieren servicios especializados de profesionales que encarecen artificiosamente los precios, a sabiendas de que jamás faltará una dolencia dental a la mayoría de la población. Si encima estafan, suceden esas desastrosas consecuencias surgidas de actividades presuntamente delictivas como las de Vitaldent, Idental, Funnydent y un largo etcétera.

 

La medicina alopática en su desenfreno especulativo ha ido perdiendo la confianza del consumidor a favor de medicinas alternativas mucho menos costosas y asaz eficaces. En mayor proporción las curaciones avalan por medio de la medicina natural lo que en los compuestos químicos se demuestra  perjudicial, con sus interminables listados de efectos secundarios más nocivos que la enfermedad que pretenden combatir. Quizá por esa amenaza que supone la sencillez del proceso sanativo, la Homeopatía está en el punto de mira injustificado de algunos países como España y asociaciones internacionales.

 

La medicina alópata en sus muchas vertientes es un buen pretexto para enriquecer sobremanera las chapuceras improvisaciones sobre el proceso químico de la sanación. Esa es la estafa de vida. Y después del atroz negocio de la salud que se nutre del sufrimiento del enfermo y lucra a no pocos desalmados al frente de la industria farmacéutica, como colofón de la desvergüenza para enriquecerse lo sigue la industria indecorosa de la muerte.

 

Si morir ya supone un abuso del sistema que arrolla pecuniariamente a los allegados y familiares de un finado-herencias incluidas con el Impuesto de Sucesiones que pretende armonizar para España el gobierno antidemocrático de Sánchez-, estafar con el instrumento de la muerte es rizar el rizo de la falta de escrúpulos. Porque una cuestión es la impresión estafadora que a pie de calle despiertan las funerarias por sus desorbitados precios e hipócrita interés por la tristeza de una defunción, y otra que haya una intención estafadora en los responsables de un grupo de empresas dedicadas al negocio del óbito.

 

Ignis es la operación policial mediante la que se han practicado detenciones en un grupo de servicios funerarios de Valladolid que presuntamente daba cambiazos a los ataúdes durante la cremación, para revender los sustituidos por otros de baja calidad. Se sospecha que también cambiaban los caros adornos florales para comercializarlos. Una industria de reciclaje estafador que fue denunciada en el 2017 y cuya investigación sigue abierta con la intervención de ordenadores y amplia documentación.

 

Vivir cuesta sacrificio y se paga en España con más de la mitad del salario bruto, decomisado por impuestos con los que los políticos rellenan insaciablemente las arcas públicas saqueadas por unos y otros partidos. Siendo sospechosa la sistemática e impune coacción impositiva, absolutamente insuficiente por el saco roto en que se ha convertido la administración pública, ya sea local, autonómica o nacional, causa repugnancia que tanto en la cuestión médica como en las tanatológicas, sea motivo de enriquecimiento masivo el sufrimiento del pobre pagador. Intentar sanar conlleva confiar en los potenciales verdugos que no dudan en chocar a sus enfermos con fármacos recomendados por visitadores médicos con premios y comisiones bajo el brazo. Para colmo otros listos no respetan ni el dolor por los difuntos. Son prácticas institucionales, médicas o funerarias de estafa recurrentes y consabidas… se esté vivo y muerto. Ni en la agonía o feneciendo dejan de buitrear.

 

Ignacio Fernández Candela en exclusiva para La Tribuna de España

 

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