Martes, 16 Julio 2019

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La caída de Podemos

PUBLICADO EL Martes, 29 Enero 2019 19:32 Escrito por José Carlos Valverde Sánchez
Errejón e Iglesias junto a Carolina Bescansa y su "bebé marketing" Errejón e Iglesias junto a Carolina Bescansa y su "bebé marketing"

 

 

La caída de Podemos y el ángulo irracional que ha tomado su discurso empieza a calar en la sociedad. Si sigues distinguiendo en tu lengua la diferencia entre fan y votante entenderás qué es una realidad. O lo que es lo mismo, si los astros ideológicos de la supremacía moral  no te han anulado tu capacidad para hacer autocrítica y has dejado de culpar a los demás, reconocerás que algo va mal tras los muros de Galapagar.

El desencanto político ha quebrado las raíces del partido -otrora la gran esperanza de la izquierda- y ha dejado patente una crisis interna que va más allá de un mero descalabro de continuas dimisiones. El problema real de la formación morada tiene un nombre propio: Pablo Iglesias. Un líder ególatra e irracional que ha sostenido demasiadas veces su discurso sobre el odio y la sinrazón. Una arenga desgastada y que cuyo compromiso moral y legítimo comenzaba siempre al acabar su propio patrón. “¿Eres fascista o piensas como yo?” es el mejor resumen de ello.

Donde Podemos pudo, ahora no puede. Un linaje narcisista y unipersonal que ha obligado a Iglesias a bajarse los pantalones políticos tras la estampida de Errejón al arropo de Carmena. Ahora clama por una solución conjunta en Madrid. Del todo torpe no parece tras este nuevo viraje y a sabiendas de las turbulencias políticas que suponen para él la proximidad de elecciones.

Era cuestión de tiempo comprobar que el fin de Podemos comenzó tras Vistalegre II. El principio del comienzo. En aquel instante muy pocos especularon que la toma de posesión de Iglesias supondría, paradójicamente, un tiro en la nuca para el propio partido.  El dominio total de las siglas terminó por nublar la razón y despertó el hambre egoísta de Pablo Iglesias. Además de la adquisición, y el extenso debate posterior sobre el mareante casoplón (se llegó incluso a realizar una votación para conocer si Iglesias y Montero debían seguir al frente del partido), nacieron disputas con dirigentes autonómicos, el último y más conocido el que mantuvo con Teresa Rodríguez. Sumar a eso los incontables movimientos internos que levantaron ampollas, desde Tania Sánchez quien criticó la dirección del propio partido, a uno de los más sonados, el que tuvo a Errejón como protagonista y que le convirtió en el número uno del 33% de electores de Vistalegre (punto de partida para esta tesis). Cifra que le obligó, curiosamente, a dejar el número dos del partido.

Podemos es una especie de timón alocado y desenfrenado que ha dinamitado todos los cartuchos románticos que le quedaban del 15M. Un movimiento social, apartidista, que no le pertenece y que de forma perseverante intenta –sin éxito- apoderarse de él.  Otra de las ramificaciones negativas de esta nueva izquierda. El constante intento por absorber las corrientes sociales es una jugada que ya empieza a fragmentar pensamientos tan irrefutables como el propio feminismo.

Por eso la mejor noticia que ha podido recibir la izquierda en mucho tiempo es el abandono de Errejón. Un camino, a priori, fresco que puede significar una vía de escape interesante en esta, a todas luces, regeneración partidista. Porque el mayor error de Podemos está en la base del propio partido. Si Errejón quiere volver a ilusionar al votante, debe mantener a Iglesias a la izquierda de su izquierda. Ahí, alejado, lejos de la izquierda. Lejos de la democracia.

 

 

José Carlos Valverde Sánchez en exclusiva para La Tribuna de España

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