Lunes, 22 Abril 2019

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Éxito en Colón como preludio de la caída de Sánchez

PUBLICADO EL Lunes, 11 Febrero 2019 09:05 Escrito por Ignacio Fernández Candela
Manifestación por la unidad de España. Ayer en Madrid Manifestación por la unidad de España. Ayer en Madrid

La Plaza de Colón registró un lleno irrebatible pese a la estolidez de algunos medios que hicieron todo tipo de filigranas gráficas y argumentales, al más puro estilo nazi, para restar importancia a una concentración en defensa de la democracia que augura una estrepitosa caída del felón monclovita Pedro Sánchez.

 

Lo del baile de cifras en la estimación de asistentes a una manifestación es ya un clásico vergonzoso de la goebbeliana prensa izquierdista. Si ya Tezanos con el CIS se ha ganado la fama de sinvergüenza carente de toda honra, la delegación del Gobierno en Madrid lo sigue en esa percepción con la evidencia de una absurda manipulación al contabilizar un poco más de cuatro decenas de miles de manifestantes.  A tenor de los vídeos captados sin el burdo engaño de cuantificación, ya queda menos para expulsar de los organismos oficiales a esta ralea de sectarios sin decencia que ha plagado, con cierto hedor sanchista, las instituciones necesitadas de recuperar su dignidad. Pedro Sánchez no la tendrá nunca, su paso por la política se reviste de la fama del malhechor que habrá de quedar indeleble para la Historia de España, pero no tardará en llegar el momento de la liberación de este yugo impuesto con bochornosa iniquidad.

 

La vieja guardia del PSOE ha dado muestras de sentido común, desmarcándose de la ruta personalista del chulesco usurpador de la presidencia, clamando al margen de sesgos partidistas por el fin de este ridículo Nerón en la España del siglo XXI. La diversidad de criterios en pos de un objetivo común augura que poco queda para que se haga un llamamiento a las urnas; algo que podría conllevar  juzgar después a este sospechoso de actuaciones delictivas. Porque si se confirmara que tras sus desmedidas ambiciones personales estuviera la alta traición que sospechan millones de ciudadanos, no sería de extrañar una nueva convocatoria en la Plaza de Colón para pedir expresamente que sea encarcelado junto a sus socios de cambalaches autonómicos. En el momento en que se aplicara un correctivo de ley, los envalentonados parásitos de la independencia tendrían que plegarse a las condiciones generales de la coexistencia institucional, mediante el instrumento de la ley y la retirada de los fondos públicos usados para violentar y fragmentar a la sociedad. Después de todo puede que el futuro que espere a Cataluña, sea la intervención de la autonomía cuando ya no tenga cómplices en el Gobierno.

 

La pobreza argumental de los detractores de una expresividad democrática sin tacha como ha sido la del 10 F, es también señal de que se ha hundido la credibilidad de un gobierno traidor al que solo le queda el apoyo de los parásitos que, por conveniencias particularistas, apoyaron a un pringado con ínfulas totalitarias, aborrecibles hasta el hartazgo mostrado en Madrid.

 

El llamamiento ha sido un verdadero clamor popular sin intereses de partidos y ciertamente multitudinario. Esperar objetividad de los voceros bien pagados de este gobierno de inútiles es de una ingenuidad pecaminosa. Los muchos males derivados de la manipulación política y periodística ya no son ignorados por la mayoría de una ciudadanía despierta. El tripartito constitucionalista convence resistiendo la ignominia del gobierno de okupas, mientras los muñidores del artificio gubernamental ya no son atendidos en sus falaces discursos; en consecuencia, trinan viendo peligrar el alpiste.

 

Qué esplendor hay en el cromatismo de las banderas que unifican la dignidad de lo español. Con razón la diestra es equivalente a la derecha como la siniestra a la izquierda. Lo siniestro con Pedro Sánchez es oscuro, raído, sucio, extemporáneo, sinónimo de totalitarismo del narcogobierno de Maduro y podemismo en la España del siglo XXI. Es tramposo. Aquejado de un patológico ego contra el que claman un ochenta por ciento de ciudadanos que exigen elecciones ya, se queda sin excusas para sentar las posaderas en la poltrona presidencial. Una buena parte de esa representación digna, multicolor, arraigada en la noble tradición constructiva de nuestra democracia, se manifestó en la Plaza de Colón y tomará nuevos bríos en sucesivas convocatorias si el traidor del gobierno okupa siguiese aferrado al poder secuestrado junto a la soberanía nacional.

 

Dice la Biblia que a la derecha del Padre se sientan los elegidos coligiendo que los de la izquierda no son gratos a los ojos de Dios. Y al margen de disquisiciones religiosas, lo cierto es que algunos del puño en alto no son de fiar ni en el Cielo ni en la tierra. Aquí se les cala en cuanto se comprueba que el único ejemplo que dan, más allá de las verborreas vacuas, es la evidencia hipócrita de sus actitudes estafadoras. Esa izquierda radical en España, ha mostrado hasta el ridículo el fraude de sus postulados y el oportunismo de sus dirigentes. Frescos del barrio, inútiles locales que mediante el voto han pretendido universalizar la intrascendencia de sus prescindibles seres sociales, como rémoras desechables de una sociedad moderna y capaz que constituye España, huyen en desbandada, diablos.

 

Se les ha conocido demasiado bien por esos usos apestados de la demagogia con la que pretenden engañar a los incautos hasta que dejan de convencer. Y ese momento ha llegado con la credibilidad extraviada y las vergüenzas inocultadas. El horizonte electoral se barrunta con un fracaso del chulo de La Moncloa al que se le ha perdido el respeto por no merecer un ápice de la confianza de los ciudadanos. La hartura que puede ir a más la han ganado a pulso él y sus socios, los del juego sucio y la moral corrompida, acostumbrados a la trampa y la mentira compulsiva.

 

Es la siniestra radical, la que ocupando ilegítimamente un gobierno del país que la aborrece, la que ha cifrado en 45.000 personas la asistencia a la manifestación constitucionalista tras el llamamiento de los tres partidos principales que gobernarán España tras los próximos comicios. Porque esta es la lectura que se sonsaca de la masiva afluencia de un gentío conmovido por oleadas de banderas de España.

 

El primer aldabonazo de justicia democrática se ha escuchado nítido. Supuestamente y en proporción a su ilimitada necedad, seguirá aferrado a la presidencia, pero pronto llegará el momento de expulsarlo porque ha quedado evidente en la demostración del 10 F que España ha dicho basta para no descabalgarse de tan urgente empeño.

 

Ignacio Fernández Candela en exclusiva para La Tribuna de España

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