Viernes, 19 Julio 2019

Publicidad Levantina de Seguridad

El Debate Electoral de hoy debería arrasar a Pedro Sánchez

PUBLICADO EL Lunes, 22 Abril 2019 13:00 Escrito por
¿Debate de dirigentes políticos o de trileros? ¿Debate de dirigentes políticos o de trileros?

 

 

Al margen del encuentro entre candidatos, la generación de las ideas o hasta la pulsión del instinto político en que se ha convertido el panorama social-ostensiblemente degenerado desde que el sanchismo se impuso con arribista y totalitario desdén contra la democracia-el debate de esta noche 22 de abril debería ser la oportunidad para evidenciar en vergüenza pública al impresentable Pedro Sánchez y a sus cómplices apandadores quienes, mediante el oportunismo y las artimañas más rastreras, se han burlado de todos los ciudadanos abocándolos además hacia una crisis económica en ciernes que debería ser preocupación incluso para los incondicionales trileros con derecho a voto que los secundan todavía.

Antes que el debate debería cuestionarse al candidato y enumerar la interminable retahíla de despropósitos pendencieros que ha caracterizado a este gobierno bastardo, iniciada su andadura con un engaño sin vergüenza ni decencia, apoltronando a un miserable cuya capacidad ilimitada para mentir lo ha convertido en ingrato ante los más elementales propósitos de decencia personal y pública, sospechoso de alta traición.

A poco que se lo propusieran y en consonancia con las actitudes chulescas y fulleras que ha mostrado sin el menor escrúpulo moral el actual ocupa monclovita Pedro Sánchez, el debate electoral de esta noche debería ser una llamada de atención sobre la ilegitimidad del candidato socialista que ha demostrado ser una repugnante estafa política  incluso para sus propios votantes. ¿Los mismos que entonces le hicieron perder sendas elecciones generales son los que están dispuestos a refrendar los modos del sucio ventajismo que estos últimos diez meses ha mantenido secuestrado el Gobierno de España? ¿Los mismos ex votantes que abominaron de sus repulsivos métodos del pucherazo en primarias son quienes ahora, tomado el poder de modo tan miserable y engañoso, pretenden legitimarle para continuar hacia la senda del déficit económico y quebrar el mermado equilibrio institucional favoreciendo los intereses tabernarios de cuantos se satisfacen mediante el cambalache sanchista? ¿Le proveyeron de 84 diputados cuando era un perdedor del juego democrático limpio y se los incrementan a casi 130 por ser un ganador del juego sucio?  En España no cabe más incongruencia, estupidez e inepcia si es verdad que las encuestas dan por vencedor a este PSOE de la marrullería vergonzosa, pero será aún mayor la mezquindad y la carencia de conciencia personal en cuantos pretenden la continuidad de este aquelarre gubernamental que se impuso tomando como rehén a la soberanía popular. Hay que ser absolutamente deshonestos y amorales, ciertamente, favoreciendo un sectarismo tan miserable y sucio.

A priori Pablo Casado y Albert Rivera no deberían considerar al candidato socialista en igualdad de condiciones por una cuestión básica de decencia personal, ni dejar pasar la oportunidad pública de enumerar las muchas obscenidades que lo convierten en el mayor traidor del periplo democrático. Traidor como carretero sin límites morales, no solo en el fondo sino también en las escandalosas formas dolosas denunciadas internacionalmente, en el colmo de la desvergüenza, hasta por un tirano como Nicolás Maduro. Y manteniendo los principios de la decencia durante el debate los candidatos Casado y Rivera deberían incrementar ese tono de rechazo y reproche que significara el de millones de españoles, víctimas de un estafador que a base de decretos leyes ha condicionado el futuro inmediato del país convirtiendo la fullería en método de gobierno.

No está en juego un debate de ideas sino la permanencia de un farsante al que hay que denunciar desde la oportunidad de los atriles que deberían pronunciarse sin seguir el juego estafador que busca normalizar el esperpento gubernamental; como si aquí no se hubiesen soportado diez meses de ignominiosas añagazas, desbordando con la falta de honradez un país que no merece retornar a los detestables tiempos del zapaterismo, esa premisa sustancial de advertencia para cuantos quieran acordarse de aquellos nefastos años a los que el Partido Popular, dicho sea de paso, brindó la permanencia manteniendo las deleznables políticas sociales, convertidas en chiringuitos de la subvención y el despilfarro de las administraciones públicas.

Los candidatos del Partido Popular y Ciudadanos deberían tomar consciencia de que la representatividad política se gana con honradez y que Pedro Sánchez no es candidato limpio sino una subversión de los preceptos de la democracia, un borrón en la Historia de España, un traidor sin principios y un redomado sinvergüenza. Y no solo ha de ser reflejado en el espejo público que lo deforme para retratarlo tal cual es esta noche, sin que le maquille la Junta Electoral Central o el CIS del inefable engañador Félix Tezanos, también deberían quedar en evidencia cuantos están dispuestos a votar el sanchismo sin percibir todavía ese hedor que emana de la putrefacción del ser sin principios. A estas alturas apoyar semejante muestra de miserabilidad da cuenta del percal con que está tejida de remiendos amorales la actual España del siglo XXI.

En cuanto al candidato podemita Pablo Iglesias, cómplice de la aberración del juego sucio impuesto por Sánchez, bastaría ningunearlo durante el debate del mismo modo que lo han hecho sus desencantados ex votantes. El marqués de Galapagar se descalifica cada vez que abre la boca habida cuenta de la hipocresía recalcitrante que destila en sus actitudes personales, modos de vida y ese discurso sin credibilidad que debería hundirlo en los posos de su inconsistencia personal que solo puede seguir engañando a los ignorantes y conformistas pagadores de la hipoteca a cuenta de la ruina venezolana.

 

Sabemos cuán imperfecta es nuestra democracia que, sin embargo, nos ha permitido convivir durante cuarenta años. Cualquier otro mal político será menor, frente al riesgo que supone dar legitimidad a la falacia que Sánchez y sus secuaces pretenden imponer en España.

 

 

 

Comenta esta noticia