Jueves, 22 Agosto 2019

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Cádiz contra el secuestro de niños por parte del estado: crónica de una manifestación diferente

PUBLICADO EL Martes, 07 Mayo 2019 08:25 Escrito por
Roban niños los Servicios Sociales Roban niños los Servicios Sociales

 


El pasado viernes 3 de mayo, los gaditanos se echaron a las calles de Cádiz para exigir justicia con una de las mayores mafias de la “ideología de género”: el robo de tutelas de potestad a los padres y el negocio del secuestro de niños por parte de las instituciones.

El reportero de La Tribuna de España que se desplaza hasta Cádiz para cubrir la información viaja en blablacar y –casualmente- lo hace con tres mujeres: una madre afectada por este genocidio viviente, una mujer “acogedora de niños robados” que ¡por fin! se ha dado cuenta de todo el entramado mafioso que hay detrás del negocio del “secuestro de niños por los Asuntos Sociales”, y la amiga de una afectada que ha vivido de cerca todo el devastador proceso que supone que le quiten a sus retoños a unos padres buenos, padres tan buenos como ustedes o como este periodista que suscribe.

Hablamos en el coche de la casualidad (o causalidad) de que Dios nos haya juntado en el mismo vehículo a cuatro personas que nos dirigimos a esa manifestación: 3 a manifestarse y este periodista a cubrir la información que (a diferencia de lo que hace “la prensa del sistema” en La Tribuna de España no se trata de hacer cuatro fotos y contar el relato de lo ocurrido si no que hacemos auténtico periodismo: investigar las causas, hablar con los afectados, averiguar qué hay detrás de este auténtico escándalo que afecta a cientos de miles de progenitores, y de hermanos, tíos, abuelos y primos de esos niños sustraídos.

El viaje convierte en interesante un fin de semana que comienza con un cabreo monumental: mi jefe, Josele Sánchez, me llamó ayer y me dijo: "Marcos, mañana te quiero en Cádiz cubriendo la manifestación de los niños robados y el sábado en Málaga, en la conferencia de Pedro Varela". No es por presumir pero mi amigo de años (a pesar de jefe y excelente director  general del GRUPO Tribuna de España) acaba de estropearme uno de esos trenes que a mi edad difícilmente me vuelven a pasar. Había quedado con una joven compañera de la competencia, para pasar un maravilloso fin de semana en Segovia; y para un soltero impenitente como yo, eso de poder "echar una canita al aire", a mis años, complaciendo a una mujer joven (unido al tremendo morbo que me da quitar todas esas gilipolleces del macho afeminado y la "ideología de género" a mi impresionada e inexperta colega que -a pesar de andar tan falta de kilómetros de periodismo como sobrada de otros atributos femeninos- ya anda firmando columnas en el periódico que dirige Perro J.) puden imaginar el reobote que pillé tras recibir la orden inmediata de ese Josele que cuando suena el tel´fono a determinadas horas sabes que deja de ser el amigo y compañero de cien mil batallas para convertirse en tu puñetero jefe.

Sin embargo, esa extraña coincidencia de cuatro personas en un vehículo compartido -que por motivos diferentes se dirigen a idéntico evento- no me negarán que se convierte en toda una experiencia y fue tanta la información acumulada durante el viaje que de no haber tenido que desplazarme -al día siguiente- a Málaga para cubrir la conferencia del proscrito Pedro Varela (una confererencia en la que, tal y como presagiaba, sólo estábamos presentes la directora de La Tribuna de Málaga (María José Ruiz) y el camarógrafo que trabaja para La Tribuna TV y para el canal argentino TLV1 (Carlos Serna), les prometo que me hubiera bajado del coche y hubiera intentado regresar a Madrid para recuperar el maravilloso fin de semana que el director de esta Santa casa  me había estropeado, ya que una hora y media después de subirme a ese coche ya andaba sobrado de información para publicar la noticia que me pedían.

Cuando entramos en la preciosa ciudad de Cádiz ya advertimos un despliegue desmedido de la Policía Local que comanda el podemita Kichi González. Llegamos cerca de las 10 y media de la mañana por lo que aún nos sobró tiempo para un tranquilo y divertido desayuno entre los nuevos cuatro amigos y compañeros de aventura.

Comenzaron los prolegómenos y la gente comenzaba a concentrarse: unos inflaban
globos con las frases " los niños no se negocia" y " los niños con sus familias ya", otros repartían pasquines entre los viandantes, padres, madres y niños comenzaban a colocar sus pancartas y la gente comenzó a congregarse.

Una madre, altavoz en mano, comenzó a dirigirse a los gaditanos: “Señoras y Señores, estamos aquí reunidos hoy porque los Servicios Sociales de España están retirando niños de sus familias biológicas con informes falsos, manipulados y tergiversados… yo misma he sido víctima de esta barbarie, me arrancaron a mi hijo literalmente de mis pechos cuando aún estaba mamando, para dárselo a otra familia -el relato se entrecorta y la oradora intenta contener las lágrimas pero es una luchadora, traga saliva y prosigue-.  ¿Ustedes lo ven justo, creen ustedes que esto es una situación normal?”....

La gente, asombrada, se detenía a leer los cárteles y las octavillas y sorprendidos atendían el bien estructurado discurso de algo que desconocían por completo.

Saben que –tras tres décadas de periodismo- soy un observador nato y un perfecto catalizador de las reacciones ajenas: los que se iban congregando, por casualidad, asistían con sus cabezas mientras seguía hablando, megáfono en mano, esa mujer tan cargada de razones como de sentimientos a flor de piel.

La buena mujer explicó (con una fluidez oratoria que ya quisieran la mayoría de parlamentarios vividores del Régimen del 78) cómo eran los propios Servicios Sociales quienes –a diario- secuestran niños en España, de qué manera los roban de sus padres y qué negocio económico hay montado detrás de este drama que afecta a miles de niños y familiares en esta supuesta democracia española.

Ciertamente en la manifestación hubo muchas menos personas de las que yo esperaba y también de las que preveía el otrora revolucionario y hoy instalado en la casta de la alcaldía de Cádiz Kichi Gonzlaez, a tenor del blindaje policial que había ordenado contra elementos tan peligrosos -para un marxista convencido como la primera autoridad de Cádiz- como madres, padres, hermanos, abuelos, primos y tíos que exigen su derecho a recuperar a sus pequeños sustraídos por el Estado.

Pero lo cierto es que advertí una tremenda empatía entre quienes circunstancialmente pasaban por allí: madres acompañadas de sus hijos que se detenían a escuchar un relato que les helaba el corazón y ciudadanos que paseaban y que no podían contener sus lágrimas cuando -acaso por vez primera en sus vidas (porque de esta tragedia jamás habla “la prensa del sistema”-) se enteraban de lo que todos los días está ocurriendo en esa nación en la que viven y de la que creen ser sus “directores” por poder meter su papeleta en una urna cada cuatro años…

¡Qué casualidad que la policía (que está para proteger a los buenos ciudadanos y no para intimidarlos ni para cercenar su derecho a la libertad de expresión), hacía sonar sus sirenas cuando la megafonía concentraba a un buen número de gaditanos!, como queriendo silenciar las desgarradoras palabras de os intervinientes. Bueno, es algo muy habitual en esa escuela estalinista de la que ha bebido el citado Kichi y su jefe de filas, Pablo Iglesias.

A las doce del mediodía los organizadores del acto (aquí no practicamos el absurdo organizadores y organizadoras que tanto gusta a “la prensa del sistema”), comenzaban ¡a darlo todo!, sus gritos se multiplicaban, sus pancartas se hacían cada vez más visibles y el impacto entre los ciudadanos de Cádiz era ya considerable.

Concentrados los manifestantes frente a las puertas Hospital Puerta del Mar (del que bajaban enfermos a fumar y salían familiares a la puerta para aplaudir a los concentrados) inició su intervención una mujer que (con un arma tan peligrosa para el sistema como un megáfono) relató su caso denunciando la complicidad de ese mismo hospital ante el que se manifestaban y que (según decía) había emitido informes falsos sobre su hijo y era cómplice en el entramado de “robos de niños”.

Más casualidades de esas que te hacen hervir la sangre.

En esas que se acerca un vigilante de seguridad para pedir que dejen de utilizar el megáfono porque molesta a los enfermos, un megáfono que no había producido –por lo visto- molestia alguna hasta que salió a relucir la responsabilidad del propio hospital en toda esta trama mafiosa del secuestro legal de niños en España.

La manifestación continuó por el Paseo Marítimo hasta llegar a la gaditana plaza Asdrúbal, sede de los culpables de toda esta historia de “la España negra”: los Servicios Sociales de Cádiz, es decir, en lugar donde se fabrican las desgracias de por vida para niños y familiares, el taller mafioso institucional donde se proyecta, diseña y ejecuta la bazofia burocrática necesaria para el secuestro de niños.

Allí, ante la sede de los Servicios Sociales de Cádiz, a las puertas del edificio donde “algunos” funcionarios cómplices del entramado mafioso realizan a diario falsos informes y destruyen familias de por vida, el discurso (repito, sólo amplificado por el sonido de un modesto megáfono) de los afectados incrementó su contundencia, su rabia contenida y su denuncia.

"No sabemos cómo pueden dormir tranquilos ustedes que hacen, que destrozan familias de por vida, que destruyen vidas, dejando a niños huérfanos con padres y madres vivos. ¡Ustedes no tienen tienen perdón de Dios! ¡A ustedes, el interés de los menores les importa un carajo! -aunque la expresión parece de este reportero es ala apunté literalmente-. Si realmente les importaran los menores, todas esas subvenciones que reciben por tanto falso desamparo lo emplearían en la rehabilitación familiar, pero ustedes destruyen las familias...".

La policía ha acordonado el edificio como si fuera a ser asaltado por comandos terroristas: pero allí sólo hay padres, madres, hermanos, abuelos, primo y tíos exigiendo justicia.

Este viejo reportero observa a funcionarios asomándose por las ventanas y –con la más absoluta falta de sensibilidad y decoro- ve sonreír a bastantes de ellos. No sé qué coño encuentran gracioso en el drama que se trasmite desde la calle. No sé cómo pueden reírse quienes tienen asegurado de por vida un sueldo que sale de los ciudadanos y que -en teoría- cobran a cambio de servirles: si no sabéis hacerlo, ¡imbéciles!, por lo menos sed educados y amables con quienes viven una auténtico drama mientras vosotros tenéis todos los meses una paga de puta madre que nadie os va a quitar hasta el día de vuestra jubilación: un paga que os damos el resto de ciudadanos.


La gente de la calle de nuevo se para, se solidariza con esta causa; sigo observando ciudadanos sorprendidos por cuanto escuchan por vez primera (lo que La Tribuna de España denuncia -día sí y día también- no sale en ningún otro medio por lo que la mayoría de españoles desconocen por completo esta tragedia fruto de una mafia y de un tremendo negocio corrupto.

La triste guinda del pastel de esta concentración la pone una mujer cuyo testimonio resulta imprescindible recuperar (por lo que ruego a cualquier gaditano que la conozca, o a ella misma si lee esta noticia, que contacte con La Tribuna de España) una señora, que sale del edificio de los servicios Sociales, se detiene ante los manifestantes y les espeta: “Tenéis toda la razón, todo lo que denunciáis es cierto, se hacen informes falsos para realizar retiradas de niños, yo misma las he hecho, soy psicóloga jubilada de los Servicios Sociales. Yo misma tuve que dejar mi trabajo porque no aguantaba más. Me di cuenta al ver a una niña llorar muy cuando la robaban de su madre para llevarla a un centro y ese llanto me hizo ver que ese no era el camino.: Me siento culpable porque yo también tengo una nieta. Gracias por hacer estos carteles. Gracias por salir a la calle..."

Desgraciadamente yo no pude ver a esta buena mujer: su testimonio (casi literalmente) me lo repiten muchos de los asistentes.

Es momento de terminar esta crónica.

No imaginan lo que me jode como periodista haber perdido ese testimonio: encontrar a esta mujer se convierte para mí en una obsesión porque tras sus palabras puede estar la clave de desmontar todo este entramado en el que están "convenientemente comprados" funcionarios de los Servicios Sociales.

Quedo tan impresionado con las historias que he ido escuchando durante casi tres horas de contacto con los manifestantes, que ya he olvidado por completo mi frustrada cita de últimos coletazos del crápula que ya va tocando a su fin.

Pero aún me quedan muchas jornadas de periodismo. Y para mí periodismo es esto: involucrarse hasta las cachas con quienes más lo necesitan y contar lo que otros no quieren que se sepa.  

Esto ocurre aquí y ahora, en el Estado de derecho de España, en el putrefacto, mafioso y corrupto Régimen del 78.

 

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