Domingo, 18 Agosto 2019

Publicidad Levantina de Seguridad

Ana Patricia Botín debería ir eligiendo prisión en España. De momento sigue viviendo en una inútil operación de imagen

PUBLICADO EL Miércoles, 26 Septiembre 2018 17:23 Escrito por
Ana Patricia Botín debería ir eligiendo prisión en España Ana Patricia Botín debería ir eligiendo prisión en España

Todo lo que gira en torno a Ana Patricia Botín no es más que una operación de imagen y marketing ya que hasta los medios económicos internacionales y sus propios empleados reconocen que no sirve para el cargo que ocupa que le queda grande; lo que ya sabía su padre, Emilio Botín, razón por la que no la quería como su sucesora al frente del banco. Tanta falsedad hay alrededor del Clan Botín que ni siquiera las cuevas de Altamira fueron descubiertas por su tatarabuelo y bisabuela.

 

 

El departamento de comunicación del Santander -más bien departamento de comunicación del Clan Botín- ha tratado siempre de luchar contra el riesgo reputacional del Santander derivado de la mala fama y falta de escrúpulos de los Botín demostrada en infinidad de escándalos judiciales desde las cesiones de crédito, la doctrina Botín, los 2.000 millones de euros ocultos en Suiza, la megaestafa de Madoff, el fraude de la venta de la finca de Mijas, el asalto al Popular y un largo e interminable etcétera con sus correlativos escándalos judiciales.

Para tratar de edulcorar esa mala fama e innegable riesgo reputacional se han llegado a inventar que la familia Botín, específicamente Marcelino Sanz de Sautuola, tatarabuelo de Ana Patricia Botín, descubrió las cuevas de Altamira, cuando es manifiesto que Modesto Cubillas Pérez, aparcero del tatarabuelo de la presidenta del Santander, descubrió en 1.868 las cuevas de las famosas pinturas rupestres mientras cazaba con su perro.

El Clan Botín se apropió del supuesto descubrimiento y llegó incluso a producir una película “Altamira” estrenada en 2006 -con tremendo fiasco de taquilla y crítica- que la llegó a tildar de “publirreportaje cinematográfico”, y todo ello pese a no haber reparado en gastos y contratar como protagonista a Antonio Banderas.

Ese es el enésimo ejemplo de las inútiles campañas de comunicación lanzadas por el Banco de Santander y el Clan Botín para edulcorar su mala imagen -propósito que no consiguen- y desviar la atención del auténtico escándalo financiero que vive la Entidad al borde de la intervención, y les sale el tiro por la culata ya que el Banco Santander es la empresa peor vista en España por los españoles.

Ya el propio Emilio Botín tuvo que destituir a su hija en 1999, cuando, en plena fusión con el Banco Central Hispano, Ana Patricia Botín promovió un artículo en el diario El País en el que se postulaba para ser la presidenta del Santander, lo que causó un cisma en el entonces Banco Santander Central Hispano (BSCH) y en su consejero delegado, Ángel Corcóstegui, ingeniero de caminos y doctor en finanzas con una experiencia dilatada en el Banco Vizcaya, el BBV y el Central Hispano.

Lo mismo ocurrió en el año 2006 cuando estando en Banesto, Ana Patricia Botín lanzó una campaña de comunicación -con su entonces director de comunicación, José Pérez Tabernero- a todo tren para, de nuevo, postularse a suceder a su padre en el Santander, lo que causó el consiguiente enfado de Emilio Botín. En esta ocasión el agraviado no era Corcóstegui, que había abandonado el banco en 2001 llevándose una pensión de jubilación de 108 millones de euros con sólo 51 años, sino Alfredo Saénz Abad entonces consejero delegado del Santander.

La operación de imagen incluyó la nominación de la entonces presidenta de Banesto como la “mejor empresaria europea del año” por Financial Times, para poco después incluirla el The Wall Street Journal en la lista de mejores directivas del mundo. Nominaciones, reconocimientos y premios cuya concesión, en el 95% de las ocasiones, son fruto de la correspondiente y oportuna contraprestación económica, como el último que recibió como mejor empresaria del año por parte del felpudo empresariado catalán…

La evidencia es que, años más tarde, el propio Financial Times, en septiembre de 2014, criticó duramente el nombramiento de Ana Patricia Botín al frente del Banco de Santander, manifestando que las dinastías familiares pertenecen a la historia de la banca europea, no a su futuro (“Family dinasties belong to history of European banking, not to its future”).

El periódico económico de la City londinense fue más allá y “puso en solfa” la demasiado ambiciosa incursión de Ana Patricia Botín en la banca de inversión (“its overambitious sortie into investment banking”) y la disminución de ganancias del Santander UK durante sus cuatro años de mandato (“at Santander UK profits have fallen during her four-year tenure”).

Por si todas esas críticas no fueran suficientes, el diario económico ponía de manifiesto que la familia Botín no tenía siquiera una participación significativa en el Santander (actualmente no alcanza el 1%); que justificase el nombramiento de Ana Patricia Botín; criticando que además asumiese funciones de gestión como presidenta ejecutiva, más allá de las puramente supervisoras de los “chairman” anglosajones que no tienen facultades ejecutivas que recaen en el Chief Executive Officer (CEO) o consejero delegado.

El tabloide inglés denunció que Ana Patricia Botín tampoco pasó el debido proceso de selección que debe pasar todo presidente de una empresa cotizada en bolsa (“did not go through the due process of selecting a chairman for a listed company”).

La compra de premios y nominaciones no ocultan la realidad de los hechos; y Ana Patricia Botín, conocedora de su nefasta imagen, trata por todos los medios de mejorarla, pero cada intento de su departamento de comunicación, capitaneado ahora en el Santander por Juan Manuel Cendoya, se vuelve en su contra por cuanto es sumamente difícil luchar contra la imagen de defraudadora fiscal que se evidenció con la ocultación de los 2.000 millones de euros en Suiza o el asalto inmisericorde contra el Banco Popular que ha dejado a sus 305.000 accionistas sin sus ahorros, o el fraude a los accionistas del propio Santander de 50 millones de euros con la venta de la finca de Mijas denunciado por Eduardo Martín-Duarte en la pasada junta de accionistas del Santander del mes de marzo. Y ni que decir tiene la imagen de quien está acusado de haber inducido al asesinato de su padre para hacerse con la presidencia del Santander tal y como viene informando La Tribuna de Cartagena y La Tribuna de España ante el silenciamiento vergonzoso de “la prensa del sistema”, un silencio comprado con el dinero manchado de sangre y cocaína de la familia Botín.

En esos intentos fallidos de mejora la imagen salió a la luz el pasado año el libro “Ana Botín Nacida para triunfar”. El título, empalagoso a más no poder, pomposo y suntuoso, ya denota que el mismo es un libro laudatorio “ad hoc” y “ex professo” para ensalzar su denostada imagen, y que de momento no acierta con su pronóstico de “nacida para triunfar” por cuanto el valor de la acción del Santander desde septiembre de 2014, en que Ana Patricia Botín accedió a la presidencia del Santander, hasta ahora ha descendido casi un 40% desde los 7,75 euros por acción a los actuales 4,40 euros.

La declaración de su falso feminismo y sus explicaciones en pleno mes de agosto en un artículo publicado en su perfil de Linkedin, redactado como es obvio por sus negros del departamento de comunicación, son otro ejemplo más de sus fallidas estrategias de marketing para tratar de dulcificar su mala imagen y que le cuestan a los accionistas del Santander millones de euros en publicidad.

Otro ejemplo de sus inanes empeños es su lanzamiento a Twitter y los elogiosos publirreportajes de sus periódicos amigos como El Mundo o El País y los digitales supuestamente “confidenciales” e “independientes” que sobreviven gracias a la publicidad y financiación del Banco de Santander, que no duda en comprar el silencio de todo aquel medio que osa criticarles, lo que con nosotros, pese a intentarlo, no ha conseguido.

Habrá que recordar la entrevista que me hizo otro de sus esbirros, un imbécil que ni siquiera es periodista, Risto Mejide en el programa “Chéster” de Cuatro Televisión y que tras ser anunciada su emisión Mediaset borró misteriosamente de la parrilla. En esa entrevista, pese a que el nada profesional entrevistador intentó tenderme una encerrona tal y como había preparado la cadena, siendo -incluso- la primera vez que se llevaba un “ayudante” al programa (algo que jamás ha hecho en ninguna otra entrevista) para hacerme la entrevista entre ambos ¡nada menos que el exdirector del CNI! para contentar a Ana patricia Botín y desacreditarme públicamente, fue tal la cantidad de datos, argumentos y pruebas que ofrecí vinculando a Ana Patricia Botín en el asesinato de su padre que, directamente, la entrevista fue suprimida. Aún no ha dado ni una explicación de ello Mediaset ni un Risto Mejide al que como premio Ana Patricia Botín llevó (para que cargara con su maleta) de acompañante a la reunión del Club Bilderberg en Roma.

Josele Sánchez

Director de La Tribuna de España.

Desperta Ferro: La palabra de Josele Sánchez

Redes Sociales

Comenta esta noticia