Martes, 18 Diciembre 2018

Lanzadas contra el pasado. Artículo de Manuel Parra Celaya

PUBLICADO EL Sábado, 10 Noviembre 2018 21:28 Escrito por
Traslado restos de José Antonio fusilado por el Frente Popùlar Traslado restos de José Antonio fusilado por el Frente Popùlar

Empecemos afirmando con rotundidad que noviembre no es un mes triste. Si bien está presidido, de principio a fin, por el recuerdo a los difuntos, para quienes somos cristianos esta memoria conlleva una reafirmación de la esperanza, en tanto que, como dice el poema elevado a oración castrense, la muerte no es el final.

 

Ellos ya descansan en el lugar del consuelo, de la luz y de la paz, como dice la liturgia de las exequias, y es de bien nacidos asegurarles, además, el descanso y el respeto aquí en la tierra. Claro que siempre ha habido quien no entiende ni el descanso de Allá ni el de acá, y, así, los libros de historia nos cuentan que algunos fanatismos pseudorreligiosos o sectarios se empeñaban en no dejar en paz las cenizas de los pobre muertos, a modo de venganza de ultratumba. Creíamos que a los ciudadanos de hoy todo eso les sonaba a tenebrosas leyendas becquerianas o a narraciones de H.P. Lovecraft…

Quedó en la voz popular la expresión gran lanzada a moro muerto, que denotaba, a la vez, la inutilidad, el absurdo y, de paso, la cobardía, esto último porque se consideraba que alancear a quien ya no podía defenderse era propio de ineptos, de orates o de quienes no habían tenido agallas de acometer a los enemigos en vida. Dicen que, tras la victoria de Mühlberg, Carlos V tronó contra quienes pretendieron profanar la tumba de Martín Lutero: Dejadle reposar, que ya encontró su Juez. Yo hago la guerra a los vivos, no a los muertos.

No obstante, siempre han existido los valentones que no han tenido en cuenta la orden del Emperador. Sin ir más lejos, en abril de 1935, unos desconocidos mancillaron la sepultura de los capitanes Galán y García Hernández, que habían sido fusilados por la intentona republicana de Jaca; una enérgica nota de José Antonio Primo de Rivera manifestaba a las pocas horas su repulsión hacia los cobardes autores de semejante acto, que calificaba de macabra villanía, porque, en las filas de su Falange, se conocía muy bien el decoro de morir por una idea.

No todos opinan lo mismo en la España de hoy, y quienes carecen de inteligencia o de valor para hacer frente a los graves problemas que nos sacuden, como el secesionismo, el paro o la corrupción generalizada, pueden optar por continuar sus lanzadas contra los difuntos del ayer, aunque también pueden concurrir otros factores para estas gallardas acciones.

Una de ellas puede ser el afán de notoriedad, que suele acometer a quienes, fracasados en su vida o en su arte, buscan desesperadamente cómo hacerse famosillos con el viento a favor; al llegar a este punto, me abstengo de recordar el nombre del que buscaba ese salto a la fama para no contribuir ni un ápice a darle publicidad…

Otro motivo de más calado puede quedar encerrado en aquella famosa frase de Comte: La doctrina que haya explicado suficientemente el conjunto del pasado obtendrá inexorablemente, gracias a esa única prueba, la dirección intelectual del porvenir. Si quitamos lo de intelectual, por razones obvias y suficientemente difundidas, queda diáfana la explicación: se trata de hurtar o tergiversar la historia para hacerse de rondón con el presente y, a ser posible, el futuro.

De este modo, la sucia maniobra política consiste en ofrecer -aunque sea a costa de los muertos alanceados, sobre cuya trayectoria terrenal cada uno puede opinar lo que quiera- una explicación monolítica y oficial del ayer y de sus protagonistas, con el fin de perpetuar una suerte de tiranía, la del Pensamiento y el Sistema únicos, mucho peor que aquella que calificó, ya en los años 60 del pasado siglo, el profesor Rodrigo Fernández Carvajal como dictadura constituyente y de desarrollo, con sus luces y sus sombras, y con la que podíamos estar o no de acuerdo en muchos extremos.

No bastó con que la primera parte de la definición -lo constituyente- quedara yugulada por voluntad de los propios herederos, cosa que no debe olvidarse, y que la segunda parte -lo del desarrollo- fuera quedando disminuida por severos ucases interiores y exteriores; molesta hasta el hecho de que hubiera existido, al igual que muchos otros períodos históricos que están siendo objeto de implacables purgas, aviesas interpretaciones o prolongados silencios.

No se trata solo, por lo tanto, de robar restos humanos, sino de hurtar la historia, que debería ser conocida, interpretada y juzgada en todos sus momentos.

Pero la cobardía, como la risa, va por barrios. Ahora tenemos mediatizado ese juicio cabal y objetivo por mor de los intereses de la política. Pero tanto la vida como la historia dan muchas vueltas y no sería extraño que otros sucesivos cuestionamientos y manipulaciones del momento actual tuvieran su lugar en el futuro. En todo caso, como en el presente, uno pediría descanso y respeto para todos los muertos, por entender el decoro de morir por una idea.

Manuel Parra Celaya

"IN REBUS DUBIIS"

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