Viernes, 19 Julio 2019

La otra victoria de Nadal

PUBLICADO EL Domingo, 16 Junio 2019 11:46 Escrito por
Nadal, un lujo para España Nadal, un lujo para España

 

Pocas personas han sido capaces de concitar una admiración casi unánime como Rafael Nadal Parera; y sin embargo, a un tipo tan innegablemente merecedor de la más rendida admiración, no le han faltado detractores en su propio país. Y lo que es más grave, muchos lo han sido por el innegable patriotismo del que siempre ha hecho gala. En ningún otro país del mundo se concebiría tal despropósito.

 

 

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Pasada ya la efervescencia del asombroso duodécimo triunfo de Rafa Nadal en Roland Garros, recordaba estos días a cierta ralea de agoreros y envidiosos que procedieron a enterrarle hace ya más de una década, cuando las lesiones comenzaron a torturar y entorpecer el camino al campeón balear.

Es cierto que hay que considerar como excepcional tal longevidad en la élite mundial, en un deporte con la exigencia física y psicológica del tenis; si bien hay que considerar que ésta se debe en gran medida a virtudes que van más allá del puro talento tenístico. Rafa Nadal es, probablemente, el tenista con más capacidad para evolucionar en la historia de este deporte. Con más capacidad para adaptarse a las limitaciones que las lesiones le iban imponiendo, con más talento para cambiar su juego, para sortear las dificultades, y también, sin duda, con una inusitada capacidad de sacrificio y disciplina que ha terminado perfilar a un campeón único.

Cuando Nadal arrebató a Federer el número uno mundial, el suizo acababa de cumplir veintisiete años, y pese a tan temprana edad, muchos fueron los que se apresuraron a jubilarle. A Rafa, con apenas veinticuatro años, y cuando le llegaron los primeros problemas físicos serios, esos mismos, más acicateados aún porque fuera un compatriota, la misma cuadrilla de envidiosos procedió, con más saña, a augurar al mallorquín el inminente final de su carrera.

No voy a enumerar todo lo que ambos han ganado desde que les “enterraron”; baste, como botón de muestra, que en el presente año, más de una década desde su virtual “jubilación”, Roger y Rafa volvieron a protagonizar la más esperada semifinal en un torneo de Grand Slam, en lo que marca un irrefutable argumento para considerar su rivalidad como la más intensa y longeva en la historia del tenis mundial.

Que España es un país cainita, y de envidiosos, no es algo que necesitemos debatir. Es un hecho que influye excesivamente en cualquier aspecto de la vida nacional.

Pocas personas han sido capaces de concitar una admiración casi unánime como Rafael Nadal Parera; y sin embargo, a un tipo tan innegablemente merecedor de la más rendida admiración, no le han faltado detractores en su propio país. Y lo que es más grave, muchos lo han sido por el innegable patriotismo del que siempre ha hecho gala. En ningún otro país del mundo se concebiría tal despropósito.

Lo cierto es que si el gran Rafa Nadal atesora un palmarés absolutamente deslumbrante en lo deportivo, también ostenta enormes triunfos que van más allá de las pistas.

No cabe duda a nadie de que este chico de Manacor ha conquistado a todos los españoles de bien por ser nuestro mejor embajador, por pasear por el mundo una caballerosidad casi de otro tiempo; por ser un ejemplo que debería enorgullecernos a todos.

Y por si fuera poco, Nadal ha derrotado a los envidiosos, a los agoreros, a los miserables que no soportan el éxito ajeno. A los que acechan la caída de un gigante para cebarse en su inícua revancha.

A los que querían enterrarle cuando no hacía más que comenzar una apabullante carrera de éxitos sin fin.

Así que mi felicitación va mucho más allá de su duodécimo Roland Garros.

Porque Nadal, sin duda, ha vencido en muchos más terrenos que los tenísticos.

Sergio Pérez-Campos

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